“Spoiler Alert” de La Lola Boreal. La ganadora del XIII CENIT

Por Raul Perez Andrades

¿Qué diferencias existen entre la generación Y y la Z? ¿Será más lo que nos une que lo que nos separa? ¿Cómo habrá marcado haber nacido en pleno auge de las redes sociales? ¿Y crecer tras la crisis del 2008? Estas son algunas de las preguntas que le podrían interesar a cualquier espectador que el pasado sábado 6 de noviembre se acercase a la sala TNT a ver “Spoiler Alert: no somos unos youtubers cualquiera”.

La compañía valenciana La Lola Boreal ha ganado con ella el premio a mejor espectáculo  del XIII Certamen de Nuevos Investigadores Teatrales.  El jurado ha valorado “la apuesta de investigación a través de una estética y un lenguaje juvenil que reflejan en paralelo una frescura renovadora y unas temáticas incomodas del mundo adolescente como pueden ser los desarreglos alimenticios, el consumo de drogas, las injusticias sociales o la exploración de la sexualidad. Las nuevas tecnologías desempeñan el papel de marco, de hilo conductor, invadiendo el espacio escénico y abrumando a los espectadores que se encuentran rodeados de mensajes e imágenes, tal y como sucede en la realidad”.

Con esta obra, Aurora Diago y Patricia Arcos, han retomado la reflexión sobre la adolescencia que ya realizaron en 2014 con su otro trabajo titulado “Bulalú. No todo nos parece una mierda”. En aquel momento hablaron sobre su propia experiencia viviendo en ese punto intermedio en el que somos muy mayores para subirnos a un castillo hinchable, pero demasiado pequeños para votar. Ahora han dado un salto generacional y han subido al escenario a 6 jóvenes de entre 15 y 19 años, seleccionados a través de una convocatoria pública, para que compartan con nosotros sus reflexiones, experiencias y talentos como representantes de la primera generación calificada como nativa digital.

Javier Cubas, Sandra Jiménez, Sara Espinar, Guillermo Llorens, Andrea Orejudo, Luis Patón han crecido con un móvil en la mano y una cámara enfocándoles. Les gusta, se saben relacionar con ella, se sienten cómodos y eso se nota encima del escenario. A pesar del entrenamiento físico y teatral que ha acompañado el proceso de creación, y del notable peso que tiene la expresión corporal en la propuesta, es en la imagen audiovisual donde estos 6 jóvenes destacan. Es en el vídeo donde se muestran naturales y captan la atención del público. Es su medio. Es donde se sienten en su salsa. Las creadoras de La Lola Boreal lo saben y lo utilizan. Por eso articulan su propuesta en torno al móvil y a una pantalla que parte el escenario por la mitad. No utilizan nada más, los cuerpos de estos 6 jóvenes, sus móviles y la realización en directo de sus imágenes grabadas y proyectadas sobre el escenario. Aurora Diago y Patricia Arcos lo saben, pero se resisten a reducir la importancia de la presencia física. Es en esta lucha entre el cuerpo y la imagen donde se percibe el salto generacional. La propia propuesta escénica y su gestión del equilibrio entre presencia e imagen es la respuesta a la pregunta de ¿qué nos diferencia como generaciones?

El aspecto textual de la obra corre a cargo de la dramaturga Patricia Pardo. Con su trabajo, basado en el material surgido del proceso de creación, nos muestra una charla entre amigos sobre todo y sobre nada, como son las conversaciones de cualquier grupo, ahora o hace 20 años. Una charla sobre el futuro, sobre los padres, sobre el amor, sobre la sexualidad, sobre el trabajo. La misma charla con los mismos personajes que en cualquier adolescencia millenial, la única diferencia es una mayor presencia de los discursos feministas y de diversidad sexual y el objetivo de una cámara siempre enfocando. ¿Es una cuestión de forma y no de fondo aquello que diferencia a la generación Y de la Z?

El espectador podría salir de la obra pensando eso pero en los últimos minutos uno de los jóvenes recorre el escenario con un texto que dice no me siento identificado con mi personaje y entonces todo cambia. ¿Se ha rascado lo suficiente o hemos visto el personaje del personaje? ¿Cuál ha sido la base del trabajo la persona o el avatar? ¿Se ha conseguido romper con el simulacro y llegar más allá de la representación virtual de sus vidas en redes, o se ha representado la representación? En una charla de 6 amigos se habla mucho pero se conoce poco, las caretas se caen en la intimidad del diálogo.