Agosto no es un mes, es un territorio salvaje

Por Ivan Vergara

Huele a vibración, a tela húmeda pasando casi a ciegas por los cuerpos; una tela roja, de preferencia, borracha. Nocturna, veraniega, pantanosa. Guadalupe plata es una deliciosa pesadilla. Saber o intuir, con ellos la metáfora vibrante confunde sensación y cuerpo, el suyo con el vuestro, con los testigos, con la hipnosis colectiva y las historias salidas de una revista de fenómenos y asesinatos indescriptibles. Es la primera noche del ciclo Nocturama de agosto, pocas almas sabrán de la gravedad que ha sido quedarse en el otro lado del río.

Una vieja mata un gato / con la punta del zapato”, ‘la mordida de las culebras que han salido del río pasean por la Cartuja’, recordará el redactor días después, ‘no se sabe muy bien si han mutado en esa mujer que mira lo que no está, lo que ha fundido carne con vibración y ella sabe que va por dentro, la música o lo que sea, algo verde llega desde los jardines, rueda, muerde, vibra. Ella lo mira, se multiplica, lleva una cerveza en una mano, la otra sostiene cabelleras zombies, perros, algunas mañanas también. Él tiene una contractura en el cuello, lo intuye, no ahora, poco más tarde, cuando termine jodiéndolo del todo en primera fila, con los Surrounders empujando notas a un precipio que quedará tatuado como una resaca perfecta. Él lo sabe pero no cae en cuenta que la hipnosis del barreño le ha hecho suyo. Totalmente’.

‘Vine en algún concierto de julio y no estaba así de lleno’ le comenta un músico local al Señor redactor (ya es ‘Señor’, ha cruzado un pantano, un campo de novivos y una cuadrilla de personas, no se sabe muy bien porqué, vestidas con camisetas hawaiianas). La barra anoche lo confirmó: apenas cabían vibraciones por metro cuadrado, no suficientes para saciar una sed que se llevaba la cordura, la decencia de algún buen hombre. Palabras que intentaban saciar la experiencia de una noche veraniega en la ciudad más veraniega de toda Europa, conquistada salvajemente por un trío andaluz, que ni se inmutó, ni decayó durante poco más de una hora en el escenario. Hay fotografías que lo corroboran, no dude y búsquelas, la verdad en ellas aparece vestida de un concierto en La Cartuja, lleno y luminoso. Esa verdad es engañosa, ahí enfrente, en el pozo del Monasterio, a unos metros del escenario, se juntaron a bailar unos cuantos diablos, ‘para quitarse el diablo encima’, dijeron mofándose de este redactor.

Fotografía de Óscar Romero
Fotografía de Óscar Romero

Tu amor me huele mal / huele a rata’. ‘Al carajo’, dice el redactor de esta nota frente al ordenador, tiene en bucle vibraciones emitidas por spotify, todas ella son llamadas Guadalupe Plata; supone que la siguiente cifra corresponde a la cantidad de vibraciones emitidas por segundo en cada track: 2015, 2013, 2011, 2009. Recuerda el pegamento líquido que no cedió paso durante la noche del concierto, que la primera fila era una sauna natural, masculina casi en su totalidad, sauna emergente de olores a tabaco, hachís, sudor y vibraciones, las jodidas ellas.

‘Porque nadie sabrá de ellos como lo sabe la artillería. Ni por qué hay que llevar crucifijos (visibles de preferencia) en una ciudad que sabe más de la paganía que de sus propios derechos, o por qué Jesús está llorando si ella es mala’, piensa alguien junto al redactor mientras la incandescencia roja emite algo parecido al sexo, lo envía directo a la cara, a lo profundo de las venas que con ritmo avanzan entre la vibración. Aquí nadie sabe de nadie.

Como una serpiente me obligas a salir, como una serpiente me acerco hasta ti’, piensa el Señor redactor con cierta alegría al encontrar las palabras adecuadas para terminar su reseña, ‘una mentira más’, piensa. Sabe que ha iniciado la temporada de cacería, agosto no es un mes, es un territorio salvaje; recuerda entonces aquella canción, la del disco del 2011, esas palabras no son suyas: esas serpientes, todas ellas, son de un front líder rojo, del barreño y los tambores ‘que hacen bailar’. Le han hecho suyo.

Esa sangre que lleva dentro es una ruina, lleva veneno, blues y Jaén; no es un relato, ni una reseña lo que firma al darle click al botón de enviar. Es un cataclismo que lleva noticias del sur, que se entere la gente del desierto: el panteón y los festejos están abiertos, Guadalupe Plata lo ha inaugurado, nos queda la travesía por delante.” Agosto, mañana más”.

Ivan V.