Monkey Week, el mejor de los congresos

Por Revista Wego

36-Ginferno-y-los-saxos-del-Averno---Bodega-Osborne-01Crónica de Ana Carretero y Dani López Una edición más el Monkey Week confirma que se ha convertido en un encuentro de referencia para el sector de la música independiente y su público. Un total de 178 inabarcables actuaciones se repartieron por los puntos más insólitos de un Puerto de Santa María que durante los días 10,11 y 12 de octubre se convirtió en una auténtica ciudad de la música: un hervidero de músicos yendo y viniendo por las calles del casco antiguo de la ciudad gaditana en donde los conciertos se dejaban sentir en cada bar, en cada plaza, e incluso en las bodegas o en las viejas casa-palacio del centro.

Hi Corea!. Fiesta Happy Place

Sin duda, uno de los elementos que este año deberían ser destacados entre lo mejor del festival fue la creación del espacio del sello Happy Place en colaboración con Gibson, en el número 75 de la calle Cielo. Efectivamente, algo de premonitorio tuvo el nombre de la calle. En el salón de aquella casa se pudo disfrutar de muchas de las bandas y solistas que antes o después repetirían actuación por los escenarios dispersos del centro de la ciudad. Con una peculiaridad, la especial atmósfera que ofrecía aquel contexto, un espacio con evidentes marcas del paso del tiempo, un reducido público que se enfrentaba a ras de suelo con los músicos, y la familiaridad provocada por la estrecha convivencia por los pasillos, salones y patios que componían aquel lugar. El sábado por la tarde disfrutamos de dos bandas que, si bien distan entre sí por los estilos de su música, destacaban por lo personalísimo de sus propuestas y la recuperación de tradiciones hoy poco frecuentadas. Hi Corea fue la primera de ellas que sorprendían por su capacidad de recreación de melodía lisérgicas y la contención de una energía que en ocasiones se desbordaba, generando una de las mejores actualizaciones de la psicodelia. Aunque pudimos disfrutarlos más tarde en el escenario principal, desde aquel momento se convirtieron en nuestros firmes candidatos del certamen Desencaja.

Checho Fernández - Fiesta Happy Place

El segundo grupo del que disfrutamos allí esa tarde fueron Labuat. Quizá con una de las mejores vocalistas de todo el festival, un grupo que hunde sus raíces en la tradición del swing y el folk norteamericanos, que presentó una ejecución de su sección de cuerdas sobresaliente. El domingo por la tarde en aquel salón con chimenea desembarcaron los pesos pesados de la escena sevillana: Chencho Fernández y Los Quiero. Con Chencho Fernández en aquella sala sin duda se vivió el momento más directo, crudo y emotivo de todo el festival. En la actuación de Chencho Fernández no estuvieron presentes los trampantojos, ni los refugios estilísticos o técnicos, ni parábolas disfrazadas de propuestas innovadoras, y sí sobresalieron la interpretación, basada en un fraseo que tiene mucho más que ver con la tradición musical anglosajona que con el encorsetado castellano –a pesar de este último idioma el que vehicula las letras del disco que allí presentaba-, y la humildad con la que músicos e interprete se daban paso generando un estado casi de interpretación épica. Tras la actuación de Chencho, existían pocas posibilidades de triunfo en aquella sala, y solo Los Quiero podían ofrecer un epílogo de altura al precedente de Fernández, consiguiendo sacar al público de la introspección y hacerlo bailar de manera enfurecida.

The Parrots

A lo largo de estos tres largos días de conciertos, hay mucho que destacar y desde muy diversos puntos de vista estílisticos. El viernes pudimos ver por primera vez en formato dúo a los ya míticos Orthodox, una de las propuestas más consolidadas del underground andaluz que hicieron gala de su dominio y puesta en escena con un recital doom metal poco apto para oídos delicados. Tras ellos, la sala Mucho Teatro acogía la apuesta segura de la noche del viernes. Primero pudimos ver a unos Betunizer en estado de gracia, con uno de los mejores bateristas que ha pisado esta edición el festival (disfrutamos de él también en el excéntrico recital de ópera-rock y lirismo pop de Dorian Wood del sábado) y que calentaron el ambiente para dejar paso a los inmensos Holy Fuck. Por poner una pega, yo los habría programado antes, pero la espera mereció la pena. Un alarde de cacharrería sónica elegante y delicada en el que los canadienses demostraron su dominio en el uso de sintes, controladores midi analógicos para crear sonidos electrónicos magnéticos, toda una paleta de matices y colores al servicio del pop más amable y bailable. El hype de la temporada, The Parrots, no tuvieron su noche el viernes, aunque demostraron su empuje y las ganas decididas de quemar el escenario con su garage incendiario el domingo, cuando el músculo más joven de la novísima escena madrileña (Trajano!, Deers y los Nastys y ellos mismos) se alió en el escenario de la Biblioteca Municipal para erigirse por derecho como los favoritos para muchos de este Monkey. Ya antes habíamos comprobado el poder de convocatoria de las jóvenes ciervas, que dejaron al respetable fuera del restaurante Doña María y tuvieron que programar otro concierto horas más tarde en otro de los escenarios del encuentro, el bar la Cristalera.

Deers

En el teatro Muñoz Seca la noche del sábado pudimos ver a Forest Swords. El dúo de Liverpool ejecutaron una de las mejores propuestas del festival. Su música, evidentemente, guarda conexión con la escena Bristol de hace veinte años, de alguna forma actualizada. Las bases rítmicas siguen un esquema orgánico, pero se encuentran tamizadas por una estética minimalista. Esa doble perspectiva, la búsqueda de sonidos elementales y la conexión con la nueva estética, les hizo responsables de una atmósfera de comunión donde la creación tejía una telaraña con la emoción que generaban en el público. La noche terminó en Mucho Teatro con un pogo interminable gracias a las actuaciones de Perro (la revelación del año) y Unicornibot (experimentación, maestria, riesgo y garra).

A primera hora de la tarde del domingo Ginferno y los Saxos del Averno ejecutaban la última actuación de su carrera. Si hubiera un grupo elegido por el público como el mejor del festival, ese sería Ginferno. Lo bien que lo pasaron la noche anterior en la sala Mucho Teatro y la calidad de su concierto, fue el comentario más repetido en las Bodegas Osborne. En esta ocasión, el público siempre tiene la razón.

Ya en la plaza, bien entrada la noche, The Milkyway Express con su rock fronterizo, su psicodelia originaría y su comunión perfecta con el público, cerraron una noche en la que otros tantos disfruraron de los directos de dos de los cabeza de cartel del festival: The Handsome Family y The Sadies. Los que estuvieron allí dicen que fue apoteósico, a nosotros no nos dio el cuerpo para más.