El lado oscuro en el SEFF

Por Mara Miniver

Seff-el-lado-oscuroSiendo Austria el país invitado, el SEFF ya prometía sensaciones fuertes en su undécima edición y, aún con esos augurios, pasadas ya unas cuantas jornadas, podemos decir que la cosa va superando todo pronóstico.

Una de las primeras cintas que pudimos ver venía con preaviso: el documental Silvered Water, Sirya self-portrait ya había conmocionado en Cannes gracias a un material abrupto. Con una batería de imágenes cruentas filmadas por youtubers y una narración ampulosa, su valor recae no tanto en lo cinematográfico como en el terrible acercamiento que hace de un conflicto cuyas bajas superan ya las 170.000 y continúa siendo una máquina imparable de hacer refugiados.

saint-laurent-seffGuerras aparte, luego están las drogas. Ellas han proporcionado frenesí, ansiedad y dolor a un buen puñado de las producciones vistas. En Heaven Knows What los hermanos Safdie nos llevan a los bajos fondos neoyorquinos para asistir a la vida de Arielle Holmes –la propia protagonista de la película– en su itinerario diario en busca de dinero, cama y heroína. Los bajos fondos de mezclan con los más glamourosos en Saint Laurent, construyendo un retrato magníficamente coloreado, aunque más bien ingrato del modisto francés y, por supuesto, no podía faltar en esta lista el granito de estupefaciente aportado por el recurrente Larry Clark en The Smell of Us, quien a caballo entre un vídeo de You Tube y uno musical coloca a sus sempiternos adolescentes en un París plagado de drogas, olores y billetes provenientes del mercado masculino de la carne, todo con un resultado bastante decepcionante. La prostitución femenina se ha dejado ver más por las salas y es que el sexo lo hemos podido encontrar por doquier y en todas sus formas y manifestaciones. Si era fácil intuir por su cartel los derroteros de la película noruega Blind (fantasías y amaurofilia a modo de rompecabezas), el sexo pasaba de ser latente a evidente en Whore´s Glory: un documental del austríaco Michael Glawogger que se pasea por las zonas más candentes de Tailandia, Bangladesh y México haciendo una radiografía explícita del que dicen es el más antiguo de los intercambios. Y es que el país del Schnitzel ha dadopara mucho.

Algunos nos aventuramos a decir que nada podría ofrecer Ulrich Seidl en In the Basement que no nos hubiera asqueado ya, no obstante un siervo inmovilizado por una dominatrix constriñendo unos testículos cada vez más morados deja claro que el vienés sigue teniendo sus recursos. Ya con Goodnight Mommy (producida por el propio Seidl) la carga sexual baja, pero ofrece igualmente alguna que otra escena de las que permanecen en la retina, dando como resultado una cinta de terror que, aunque predecible, a grandes rasgos funciona. A Markus Schleinzer (colaborador del mismo Seidl o Haneke) tampoco le han hecho falta imágenes impúdicas para inquietar a un espectador ya suficientemente aturdido por la naturalidad con la que presenta el día a día de un triste oficinista que guarda en su sótano un secreto rubito, de diez años y de nombre Wolfgang.

the-tribe-seffPero por encima de todo lo visto está The Tribe y sólo por ella ya merecería la pena la acidez de estómago que llevamos. Siguiendo los pasos de un joven que acaba de entrar en un centro para sordomudos, Myroslav Slaboshpytskiymuestra una comunidaddonde la endogamia y el olvido hace tiempo derivaron en una organización que se rige por el más desaprensivo de los códigos. The Tribe no requiere de traducciones porque su director busca más un voyeur que un espectador y a tal fin nos abre una pequeña ventana en un rincón ucraniano desde donde, eso sí, hemos podido contemplar condensado todo el amor y el horror del mundo.

A pocos días de su fin, seguro que aún queda festival por digerir. De todas formas, también hay películas amables por el Nervión Plaza. Pocas. Pero haberlas, haylas.