La tempestad de Manuel Cuesta arrasa Sevilla

Por Marina Montes

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El concierto que dio Manuel Cuesta en La Estación el 8 de marzo no fue un concierto cualquiera. Hacía diez años que se había marchado a Madrid y aunque entre medias había presentado algún disco y había bajado al sur varias veces para volver a cantar, esta noche era especial. Era una especie de terapia, de encuentro con los miedos y los temores, una noche especial en la que amigos y familiares no defraudaron y acogieron con un cálido abrazo al cantautor sevillano.

La noche comenzó con la actuación de Joel Reyes, miembro del grupo Malacabeza que se ha lanzado a la aventura de sacar un disco en solitario, Eléctrico. Unas canciones íntimas, con unos ritmos que cautivaron rápidamente al público sevillano que lo acogió como uno más de la gran familia de cantautores que ha pasado por La Estación.

Tras varios temas, Manuel Cuesta presentó Cerca de la Tempestad a los presentes e invitó a la joven Cristina Pino que recitó unos versos enlazando canciones y versos de canciones del cantautor. Un momento mágico y lleno de intimismo que emocionó a los asistentes. Y entonces, comenzaron los primeros acordes de la tempestad.

 

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Para que el concierto sea redondo tienen que haber varios elementos que se den cita en un mismo instante: un escenario adecuado, un artista motivado que lo dé todo sobre las tablas, y unos espectadores motivados que se vuelque con las canciones. Y tras unos primeros momentos de coqueteo, se dio la ecuación perfecta. El público, tímido al principio, se animó con palmas y coros  y todo se convirtió en un acto cómplice donde todos participaron.

La tempestad se desató y poco a poco fueron pasando las canciones del quinto disco de Manuel Cuesta. Con él viajamos por los miércoles de desayunos de la pequeña Ana y paseamos por la Calle Agricultores 2, en Pino Montano, con sones de una rumba que nos remontaron a tiempos pasados. El público estaba lleno de mecenas que ayudaron, a través del crowfunding a hacer posible este disco, y todos habían hecho los deberes aprendiéndose las letras de las canciones.

Hubo lugar para recuperar temas antiguos, como Bailame el agua, uno de los más conocidos del cantautor que, armónica a lo Bob Dylan, entonó esta canción que se ha convertido en una de sus imprescindibles. También se presentó la nueva versión de A esta primavera…, que podemos escuchar en el disco con el acompañamiento de Joel Reyes: una versión más “eléctrica, rotunda y audaz”, como la describe el propio cantautor, con un directo espectacular. Y es que estos dos cantautores demostraron que, cuando la música es buena y sale del alma, no hacen falta instrumentos de más, arreglos ni amplificadores para emocionar al público.

El concierto estuvo dedicado a los fieles seguidores que lo han acompañado a lo largo de estos años, y a los “hombres y mujeres que recorren cada día el camino del trueno“, todos aquellos que sufren las consecuencias de una crisis que no provocaron. Aunque se vivió un ambiente familiar, no palabras reivindicativas y comprometidas a las que nos tiene acostumbradas Manuel Cuesta en sus conciertos, reflexionando sobre la situación que vivimos y los problemas cotidianos a los que nos enfrentamos. Aunque también hubo tiempo para el humor, con alusiones a las nuevas tecnologías y el  “postureo 2.0” que tanto se ve en las redes sociales últimamente.

Joel Reyes volvió al escenario a la mitad del concierto para ofrecer un nuevo repertorio de las canciones de Eléctrico y de nuevo volvió a cautivar a los presentes que incluso se atrevieron a tararear, improvisadamente, algunos de los estribillos de las canciones que escuchaban por primera vez. La complicidad se volvió canción y magia y envolvió toda la sala con un abrazo cálido y eterno.

Manuel Cuesta cerró el concierto con otra tanda de sus temas y agradeció, emocionado, el abrazo que se llevaba esa noche de Sevilla y de todos los asistentes, cazadores de tormentas, que habían querido acompañarlo en esa noche tan especial. Pero el público quería más: el concierto acabó en una especie de unplugged, homenajeando a otros artistas con versiones de Los Piratas, Carlos Chaouen o Tino Casal. La Teoría del Caos de Manuel Cuesta puso el punto y final a una cita que, si no hubiese sido por los horarios, aún continuaría en en una noche de invierno primaveral de Sevilla.

 

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