La Catedral sumergida: saliendo a flote

Por Revista Wego

Drama-en-el-campo-de-juego-portadaSalvi Nuñez / Cuando salgo de casa le doy el play, me pongo los cascos y las gafas de sol y salgo optimista al ritmo de Buda, primer corte del mini lp de La Catedral sumergida. Un ritmo funky y bailongo que te invita a salir caminando al latir del bombo. Drama en el campo de juego te agarra del pescuezo desde el primer y singular corte al que nos referimos, y te va soltando poco a poco hasta acariciarte los oídos.

Porque el comienzo es una excepción, el resto del disco tiene poco que ver con los primeros cuatro minutos, se deja caer esa variante nada más arrancar, y luego la música te lleva a aflojar el paso y prestarle atención a las letras, a los arreglos cósmicos y a la acústica. Y no está mal pensado, yo me lo tomo como si los amigos de “La Catedral sumergida” quisieran decirle a los tropecientos grupos indies que ahora van de Tony Manero por la vida una cosilla sin importancia: “chavales, esto es una buena canción de rock bailable, no lo vuestro”.

Los músicos de la banda sevillana arrastran una remarcable experiencia, ligados a lo alternativo de la ciudad y a los estudios Sputnik, lugar de parada obligatoria para, por ejemplo, Maga o Señor Chinarro, líderes indies del lugar por trayectoria y seguimiento. Y algo de ellos se deja entrever, sobre todo de los primeros en sus inicios. Jordi Gil produce un disco donde se ha preferido grabar “en vivo” y donde se enriquece la instrumentación con respecto a Demasiado humano, su debut corto del pasado año.

Así, nos encontramos canciones delicadas como norma, a veces cercanas al post rock (Otra vez), a la experimentación de Trascielo o al pop más cercano de O fortuna. Todo atado y bien atado por unos muy buenos textos, elemento catalizador del disco, que te hace sentirte retratado en muchos de los grandes momentos de lucidez lírica que se encuentran en Drama en el campo de juego. También se apuntan pianos o violines de calidad, una percusión de una consistencia muy remarcable y sobre todo, un paso adelante en el sonido de una banda que debería encontrar mayor repercusión con este trabajo.

Siete canciones que te hacen pasar por varios estados de ánimo en poco tiempo y que seducen al poco de prestar atención. Optimismo, melancolía y belleza en unas composiciones que se alejan de los hits más evidentes, y yo se lo agradezco, que uno se cansa a veces de tanta monotonía indie. Seguramente no seré el único que te va a hablar de ellos en los próximos meses, principalmente porque aquí hay una buena banda, luego no digas que no se te avisó.