Lo que comenzó como un acústico y terminó saltando por los aires

Por Jesús García Serrano

pasajero-en-la-caja-negra-@-ana-suanFotografías Ana Suanes Serrano / A los chicos de Genérica les tocó la difícil misión de abrir la noche en La Caja Negra bajo una serie de condiciones adversas; el hecho de haber dado varios conciertos recientemente en Sevilla y de tener otro programado tan solo unos días después, además del incremento de precio producido en las entradas (debido al hecho lógico de compartir cartel), hizo que perdiesen gran parte de su público potencial. En vez de con los suyos, tuvieron que verse las caras con el público de Pasajero, que poco a poco fue llenando la sala con intención de calentar motores.

Pasajero + Genérica en La Caja Negra

La joven banda local se vio afectada también por problemas técnicos, como acabaría declarando el propio teclista de la banda, Alejandro Vigil “si veis que estoy tocando el teclado y que no suena nada, es que es la realidad”. Más tarde, la exasperación le llevó incluso a abandonar el escenario para terminar de ver la actuación de su propia banda desde la perspectiva del público.

A pesar de las adversidades, la audiencia comenzó a conectar con un sonido, por lo demás, bastante bueno, y con el potente directo de una banda que reluce por haber crecido mucho en muy poco tiempo, y que hace gala de una alta corrección musical, y de un trabajo concienzudo y meticuloso.

Sobresalieron dos de sus composiciones más enérgicas, Corona de Espinas y Un día perfecto, con un clímax poseedor de una sensacional sección rítmica, diseñada y ejecutada para demoler la pista de baile. Mucho antes del momento de El Despido, Genérica había logrado estrechar al público entre sus garras, dejándoles a todos claro cuál es su proyección de futuro.

Llegó el turno para Pasajero, y Daniel Arias y los suyos se lanzaron a la palestra mediante un formato electro-acústico que en apariencia iba a ser bastante ligero y amigable, pero cuya energía acabó por írseles de las manos para acabar explosionando. El respetable se vio envuelto por un maremágnum de cuchillos afilados, violencia en los acordes y registros vocales bastante más agresivos de los que se pueden encontrar en Radiografías, primer y hasta el momento único disco de la formación.

El repertorio siguió una línea de intensidad ascendente, destacando algunas de sus canciones más representativas, como Volverme a preguntar, Pierdo mi nombre, o Perdóname. Los picos de máxima intensidad trajeron inevitablemente reminiscencias del screamo de Nuevenoventaicinco, banda de culto ya disuelta, a la que Daniel puso voz y alma, antes de pasar a formar parte también de los más populares Zoo.

Finalmente el setlist se antojó un poco corto, pudiendo quizás haberse perfilado con alguna canción ‘prestada’ de alguna de las susodichas anteriores formaciones del vocalista. La noche no obstante, quedó compensada mediante la fuerza, la entrega y las tablas de las que Pasajero hicieron alarde, frente la frescura y al buen hacer de los jóvenes de Genérica.

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