Oscuridad, dolor, amor, odio y Timber Timbre

Por Jesús García Serrano

timbertimbre-Dec2013
Fotografía de Jeff bierk

Una difícil noche de invierno, como se trataba de la de este miércoles (18 de diciembre), la Sala Malandar logró arroparse con el calor del público más o menos hasta la altura del cuello, aunque sin apelmazamientos. La selecta afluencia se debió al gancho del esperado directo de blues, folk y garaje rock con toques de jazz que Timber Timbre prometían ofrecer.

Las expectativas eran altas, debido al listón que los canadienses habían logrado con sus anteriores visitas a España, pero las ansias de la audiencia fueron aplacadas y domadas por la fragilidad de la dulce compatriota de la banda Erin Lang, vocalista de Feral & Stray, que logró la absorción musical de un público extremadamente respetuoso. Timidez, susurros, minimalismo y un “Omnichord” con look ochentero terminaron por hacer las delicias de quienes no la esperaban.

Timber Timbre irrumpieron sin prisa, seguros y pausados, pero sonando demasiado alto; los golpes de batería se arremolinaban estridentes y punzantes, y cada vez que Taylor Kirk abría la boca hacía vibrar los bordones de la caja, que danzaban molestamente, amplificándose por toda la sala, y logrando una suciedad vocal que por momentos parecía arruinar la agradable pomposidad y la delicadeza de sus discos.

La banda estuvo permanentemente envuelta en un débil halo rojizo, excesivamente tenue, que aportaba cierto misticismo, pero que no permitía disfrutar plenamente de la actuación. En más de una ocasión se pudo escuchar al público bromear con afirmaciones tipo “Encended las luces” o “¡Que no se ve!”. Taylor Kirk, irascible y maleducado, (aunque algunos no tardarán en alabar su pose de rock star,) no dudó en obsequiar con un largo corte de mangas a quienes intentaron fotografiarle mediante el uso de flash.

Los pasajes más viscerales, en los que la atmósfera se tornaba ruidosa y guitarrera, lograron que la velada levitase por momentos hacia la categoría de una transcendental experiencia sonora, pero luego la burbuja se pinchaba nuevamente, ahogada en una mustia corrección sin nervio, que palidecía frente a la majestuosidad compositiva de sus álbumes. Se echaron en falta la presencia de la violinista Mika Posen, tanto como la calidez de un bajista; no obtenida mediante la interesante, pero fallida, intención de símil sonoro que un segundo guitarrista ponía en práctica, punteando constantemente la más gruesa de sus seis cuerdas.

El repertorio se sostuvo mediante la interpretación de seis canciones de su genial Creep On Creepin’ On, otras tres del anterior, el no menos inspirado álbum homónimo y seis canciones de adelanto del inminente nuevo álbum Hot Dreams que saldrá en abril y del que hemos sido de los primeros afortunados en poder escucharlas. Con vistas al presente y al futuro, no hubo concesiones a sus dos primeros discos. Finalmente, 15 canciones en la penumbra y la exquisita música de los canadienses.

Setlist:

Grand Canyon

Beat the Drum

Magic Arrow

Bad Ritual

Creep On Creepin’ On

Too Old to Die Young

Curtains

Lonesome Hunter

Until the Night is over

Black Water

Hot Dreams

Trouble Comes Knocking

Woman

Encore:

Run

Low Low