Crónica: The Wave Pictures en Malandar

Por Diana P. Morales

The-Wave-Pictures-Malandar_4Seamos sinceros: The Wave Pictures no han venido a revolucionar la música del siglo XXI. Ni falta que les hace. La banda británica regresó ayer a Sevilla para presentar su 5º álbum, el doble lp City Forgiveness, y como siempre nos ofreció tres de las mejores cualidades de las que puede hacer gala un grupo de rock: Emoción. Personalidad. Cercanía. Y todo Calidad Extra, como debe ser.

The Wave Pictures en Malandar

El grupo entró en escena después de que la joven banda sevillana Groove on Woods hubiera caldeado el ambiente y arrancó de forma contundente, mezclando canciones de su nuevo trabajo (Better to have loved, Atlanta, Whisky Bay) con clásicos de trabajos anteriores (Kiss me, Long black cars, Give me a second chance, Never go home again, o Spaguetti, el hit de su anterior disco que nos enamoró en su concierto el año pasado). Imposible no contagiarse de la respiración veloz de sus ritmos, los solos -arrebatos salidos directamente de la boca del estómago- la pasión de sus estribillos, que el público enseguida se animaba a corear. Un hit tras otro: es increíble la facilidad que tiene este grupo para crear canciones que al momento se convierten en instantáneas de tu propia vida. Emoción. A raudales.

Y sí, no han inventado la rueda ni la van a inventar. Su rock tiene un corte bastante clásico… como los buenos trajes que no pasan de moda y duran toda la vida. Las guitarras que se van trenzando con las melodías en meandro de un bajo que no tiene miedo de ser protagonista. Ole ahí. Y, por supuesto, todo sostenido por los impecables ritmos de Johny, un batería que sospecho que escribe las canciones que canta en directo, mientras toca o dejando de tocar directamente, como en la deliciosa “Atlanta”. Casi no se distingue cuando canta él y cuándo David: es tal el carácter propio que tienen haciendo música juntos que podrían hacer una versión de la canción de Barrio Sésamo y sería un hit instantáneo, totalmente dentro de su línea. Viva la personalidad.

Pero lo que engancha de verdad es que son personas normales. Y divertidas. Siempre cuentan anécdotas de la ciudad (nada del falso y espeluznante “Hasta siempre, Sevilla” de otras bandas que van de estrellas). En esta ocasión contaron cómo habían disfrutado un fabuloso cupcake en una pequeña pastelería. En esos momentos Johny el batería –que se había tomado un brownie– siempre se esfuerza por hablar un poco de español. Y todos nos reímos. ¿Cómo no hacerlo, con una banda que son prácticamente tus vecinos guiris del piso de abajo y –lo más importante- que se comportan como tales? Y es que con la música se pueden ganar fans, pero con esa cercanía ganan corazones, y los ganan para siempre. No es de extrañar que cada vez acuda más público entregado a sus conciertos.

Y nadie se podrá quejar de la calidad. Madre mía, qué musicazos. Muchas de las canciones hacen referencia a David, el cantante, bien en el título, como Strange fruit for David, que tocaron ayer, o bien dentro de la letra, como en Leave that scene behind o cuando el batería le dice en medio de Atlanta: “This is what I owe you, David”. A mí me parece divertidísimo, pero es que además… David es de esa clase de guitarristas que, cuando les ves tocar, si eres músico como yo no puedes evitar pensar: “Creo que debería practicar todos los días con la guitarra. Mañana empiezo”. Es tan bueno que automáticamente te entran deseos de ser mejor tú también.

The Wave Pictures en Malandar

El único “pero” que se le puede poner al concierto es que no hicieron bis. Ooohhh. El público no se lo podía creer, y de hecho era lo que comentaba todo el mundo después. Probablemente estarían agotados después de varios días de conciertos seguidos, pero nunca lo sabremos. Nos quedaremos sin respuesta para El Misterio del Concierto Inacabado. Y también para El Misterio del Percusionista Melancólico. Porque, a ver, ¿quién era ese curioso personaje que tocaba, en cuclillas y desganado, percusiones durante el concierto? No es normal traer a un músico de gira solo para que haga arreglos que no eran necesarios… Tengo la teoría de que en realidad era el hermano de alguno de ellos, tal vez el hermano mayor de David, que se acababa de separar y le dijeron: “Vente de gira con nosotros y te animas. Haces como que tocas la maraca y ya está”. Y para convencerle le mentirían y añadirían: “Yendo de gira vas a ligar mucho”. Ja.

Ah, pero no termina aquí la noche. The wave pictures son tan buenos que hasta tuvimos postre sorpresa. Tomando una cerveza después en el bar Viriato nos encontramos que no pararon de sonar en toda la noche. Resulta que el simpático camarero del bar los había escuchado ese día por primera vez, a raíz del concierto –al que no había podido ir- y le habían encantado, así que los estaba poniendo en modo loop. Estas cosas solo pasan con un grupo fantabuloso como ese. Y con ese bonito broche de oro terminó la noche. Pudo haber tenido un final ÉPICO si el camarero nos hubiese enseñado la receta para brownies que tenía tatuada en el vientre, pero todo se andará. Queda pendiente.

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