Tentudía: introducción al masoquismo

Por Ana Carretero

portada-tentudiaEscuchar Tentudía (Knockturne Records), el primer disco homónimo de la banda sevillana puede ser una experiencia equivalente a la siguiente situación: tienes una herida, sabes que si te tocas, te escuece, y aún así te empeñas en tocarla, porque al final te gusta. Ser fan de Tentudía, como ocurre con otras bandas vinculadas al rock más duro, es una práctica masoca.

Con punto de partida postrockero (con la levedad melódica como motor de arranque en Marshland) y resquemor slowcore (en muchos pasajes de otras tantas como Herbie), , con drones que dibujan paisajes tétricos, el disco podría ser una buena banda sonora de la situación de crisis actual. Una peli de terror de jóvenes precarios que vomitan sus temores más profundos a través de estas siete canciones. Siete temas absolutamente desacogedores en el que a los tramos de aridez y melancolía (Antes de que estalle) le suceden sacudidas de ira y espasmo eléctrico (Arrache Coeur, con una colaboración estelar de Xavi Castroviejo de Blooming Látigo, que pone todo su carisma en el asador con resultado espeluznante, que roza lo asceta cuando mete mano al asunto la mística profética de Marco Serrato de Orthodox).

Para el que no sea un iniciado en la logia del stoner (entre los que me hallo), en una primera escucha es probable que sienta ese famoso #dolor, que da título a la última canción del CD y con el que el grupo suele promocionar sus canciones en hojas promo, entrevistas y redes sociales. Los iniciados, a lo mejor, le ven cierto regusto a la densidad del post-metal más intelectual, con menos seso y más manufactura. Ahora, nadie puede negar que cuando escuchas la epifanía en la que Marco Serrato (Orthodox) convierte precisamente #Dolor te cagas las patas abajo. No es buen rollo lo que transmiten precisamente este cuarteto. Escuchar Tentudía te retrotrae a tus propios vacíos existenciales, saca a pasear a esos demonios que todo el mundo esconde, por lo que cualquier plácida tarde de domingo se convierte una bajada densa y ralentizada a tu propio infierno.

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LAX es, sin duda, uno de los grandes hits de este disco. No se queda atrás Little Keys, en el que de la pesadumbre y el sosiego más triste despega un chute de épica en vena que te levanta del asiento en segundos. Junto a Arrache Coeur son el triunvirato ganador. Tentudía es una propuesta ambiciosa que no se conforma con esgrimir en sus canciones la amplia paleta de influencias que maneja la banda (De Slint a Codeine pasando por Earth y tocando con la yema de los dedos a Neurosis), sino que intentar ir más allá, experimentar con guitarras eternas, condensar la cadencia de sus ritmos hasta crear un material maleable, pero muy espeso; de difícil digestión para estómagos musicalmente delicados. Los sevillanos se recuestan en los graves, confiando en los arreglos de teclados, en una rítmica contundente y en el uso comedido del punteo.

No es tarea pequeña para un grupo con pocos años de vida. El resultado es un disco difícil de encontrar en el panorama nacional. Esta claro que su propuesta no es apta para todos los públicos ni carne de éxito indie. Tentudía apuestan por el camino más largo del underground, el más inquieto y menos agradable. A fin de cuentas, el menos transitado. Y creo que lo recorren con decisión y con holgura, con el ralentí, la parsimonia y ese aire de dignidad (podría equipararse a una estación de penitencia cofrade) que los cortes de hasta los diez minutos les permiten.

TENTUDÍA: “Arrache-Coeur” teaser video from Tentudía on Vimeo.