El Central recibe a la primavera de Preljocaj

Por Paula Velasco

Hacía años que Preljocaj tenía una cita pendiente con el Teatro Central. El coreógrafo de reconocido prestigio internacional no había pisado nunca las tablas del recinto hispalense. Hasta ayer. Pasados unos minutos de las 21 horas de este viernes dio comienzo el espectáculo y, con los primeros golpes de luz y sonido, quedó saldada la deuda.

Sumido en la más profunda oscuridad, el público esperaba ansioso los primeros acordes del solo de fagot que anuncian el inicio de La consagración de la primavera. En lugar del agudo cantar de este instrumento de viento, los asistentes se toparon con un sonido electrónico contundente, acompañado de una luz roja. Era el comienzo de Royaume Uni, una pieza para 4 bailarinas vinculadas al hip hop compuesta por Angelin Preljocaj para el XX aniversario del festival Suresnes Cités danse. En esta pieza de 33 minutos de duración, preámbulo de la obra de Stravinskila música queda reducida a la repetición de ruidos con reminiscencias industriales, pitidos que se combinan en ocasiones puntuales con sonidos de naturaleza orgánica y algún que otro silencio. Las intérpretes divagan sobre el ritmo marcado con movimientos bruscos, angulosos, de una violencia sin igual. Pese a que la coreografía forma parte del imaginario de una forma de bailar propia de la calle, se aprecia a simple vista la formación clásica de las bailarinas.

Sobre el escenario hay cuatro sillas, descompuestas hasta dejar sólo su esqueleto. Sin respaldo y sin asiento, de poco sirven para descansar. Las figuras convulsas interactúan con ellas, caen al suelo y prosiguen con su danzar. La música pasa a ceder el protagonismo a los cuerpos que se tocan, que comparten espacios y ejes de movimiento. Ellas parecen una suerte de autómatas, cuyos músculos se contraen al tiempo que alguien mueve sus hilos. El resultado es una pieza con matices siniestros, de grandes momentos que destacan a lo largo de su representación.

Tras un breve descanso, que algunos, confundidos, interpretaron como el cierre de la jornada, llegó el plato fuerte. Esta vez sí que comenzó a brotar el sonido inconfundible de la obra del compositor ruso, preludio de la adoración a la Tierra. De entre bambalinas emerge una joven, cuyo atuendo poco tiene que ver con el que se elaboró para el estreno de la obra, en los primeros años del siglo XX. Falda corta y camiseta escotada. Esta chica de uniforme se sitúa en el centro del escenario y se desprende de su ropa interior. Con los tobillos unidos por la blanca lencería, comienza el espectáculo. Es toda una declaración de intenciones: el nuevo siglo ha traído consigo una reinterpretación de este clásico, mucho más pasional y sexual de lo que era en su origen, que ya es decir. No olvidemos que Le sacre du Primptems causó un gran rechazo en su época, tanto por la naturaleza de su música como por la historia recogida.

Seis mujeres y seis hombres comienzan su viaje por una primavera que no es otra cosa que una ensaltación de la sexualidad, una pulsión irrefrenable que sirve de leitmotiv a Preljocaj. El resultado es pura violencia, una composición que avanza de la mano del deseo y del horror, en un torbellino sublime que acaba con una danza ritual en torno al cuerpo desnudo. Absortos en el trance, los bailarines se aseguran de que el sacrificio tenga lugar, y la tierra se empape de los efluvios de la virgen seleccionada para tal honor. Poco importan los traspiés, los pequeños fallos que pudieron verse en sus 40 minutos de duración. Tampoco merece la pena cuestionar el papel de la mujer, aún pasiva, en esta actualización del tema. Lo relevante es que, gracias a Prejocaj y a su compañía, el espectador es uno más envuelto en la decadencia del ritual.

Se trata de un espectáculo imprescindible, que no dejará indiferente a nadie, y que todavía tienes la oportunidad de disfrutar. Este sábado 4 de mayo, a las 21 horas, el Ballet Preljocaj volverá a sumirse en el rito de la primavera en el Teatro Central. La entrada cuesta 17€. ¡No te lo pierdas!