El papel como criterio

Por Daniel López García

Le Bateau Traductores y Editores, o el papel como criterio

Daniel López García

El pasado mes de diciembre se presentó en Sevilla un nuevo proyecto editorial bajo el nombre de Le Bateau Traductores y Editores. La nueva editorial que dirige Berta Díaz contó como carta de presentación con su primera obra impresa Todo está perdido. Han pasado ya dos meses de su puesta en circulación y queremos contar algunas de las claves de su hoja de ruta y las nuevas perspectivas que vislumbran en el horizonte.

Le Bateau nacía este invierno con la vocación de ser una plataforma editorial y de traducción literaria transpirenaica, que sirviera para poner en contacto las literaturas francesa y española. Su aspiración se fundamenta en la traducción y la edición de obras de nuevos autores, españoles y franceses, sean estos conocidos o no. En la selección de estos autores pretenden desmarcarse de tendencias de éxito editorial y géneros superventas (novela negra, libros de autoayuda, literatura fantástica), dejándose guiar por una brújula que siga los pasos a una nueva generación de escritores con el deseo de cartografiar la nueva creación literaria a ambos lados de la cordillera.

Otras de las guías que marcan su hoja de ruta son el deseo de publicar sus obras solo en papel; la realización de tiradas limitadas con un diseño de presentación marcado por la elegancia y la sobriedad de las líneas de la diseñadora sevillana Clara Bernal; y el principio de que Le Bateau no se reserva de los derechos de edición de las obras traducidas en España, por lo que los autores son libres de reutilizar su obra. En este sentido, en Le Bateau toman como bandera el marcar distancias de las enmarañadas lógicas de los derechos editoriales, poniéndose del lado de los autores, y mostrando un extremo cuidado por la presentación de sus libros publicados en papel, acercándose así a los lectores avezados. Por un lado, ni reciben dinero de sus autores, pero pagan derechos por sus obras, quieren navegar con ellos, ser plataforma y resorte para la promoción de estas nuevas literaturas. Y por otro, ponen de manifiesto el cuidado al lector ofreciendo libros bien presentados, donde el diseño se mide al milímetro convirtiéndose en el inicio y fin de la lectura de la sucesión de letras en el espacio.

Su primer título publicado, Todo está perdido, lo componen una selección de textos de cuatro autores franceses inéditos en castellano: Christophe Grossi, Emmanuel Delabranche, Christine Jeanney y JoachimSéné. Se trata de un conjunto de textos que cabalgan entre el verso y la prosa, casi todos escritos en primera persona. En ellos se manifiesta uno de los primeros conflictos a los que se enfrenta el ser humano cuando se dirige al mundo, ya sea desde una perspectiva artística, social o científica. Los textos narran poéticamente la angustia que provoca en el ser humano la confrontación con su contexto y su capacidad (o incapacidad) para aprehenderlo. En este sentido, en los textos se vislumbra un enfrentamiento con lo inmediato, ya sea motivado por un entorno natural (una casa en la montaña, el vuelo de un pájaro) o bien por el entorno urbano (el metro de París, la cotidianidad expresada en un bote de Nutella). De esta forma, de la confrontación surge la toma de conciencia de una pérdida y, como envés, una nueva búsqueda o la necesidad de encontrarse de nuevo en ese mismo espacio. “Todo está perdido para empezar de nuevo”, proclama en su apertura el libro a partir de una frase de Julio Cortázar.

La traducción es uno de los rasgos más peculiares de Le Bateau y, por ende, de su Todo está perdido, que corren de la mano de la propia Berta Díaz. En literatura comparada la traducción viene a presentar el rasgo más elevado de este ejercicio, ya que supone el trasvase de significados y sentidos a una lengua extranjera de aquello que ha sido expresado en otro idioma. Los retos de Todo está perdido no son pocos en este sentido, ya que los textos, ya sea en su técnica formal (en Jura, ausencia de puntuación que recrea el libre discurrir del pensamiento; en No hay historia, empleo de minúsculas) o en el uso de referencias a lugares concretos con los que se confronta el escritor (el monte Jura, las estaciones de metro), proponen diversos retos que la traductora ha debido sortear para recrear el espíritu de los textos originales, expresados obviamente en francés. Berta Díaz consigue una traducción en castellano en la que tanto armoniza el ritmo de las palabras expresando en español ese libre discurrir de la conciencia, como recrea la esencia de los lugares concretos franceses manteniendo su denominación original.

Y esto es solo el comienzo. Este mes de febrero Le Bateau tiene previstas nuevas presentaciones de su Todo está perdido del que ya se han vendido más de 120 copias de una  única y exclusiva tirada de 500. El día 15 estuvieron  en Barcelona, en el Titty Twister, contando con la presencia de los escritores Emmanuel Delabranche y Christophe Grossi. Y con la llegada de la primavera anuncian una nueva publicación con textos de la propia Berta en colaboración con la ilustradora y pintora Irene Mala.

Por tanto, no nos queda más que celebrar este nuevo proyecto que emerge en Sevilla para agrado de aficionados a la literatura en cualquiera de sus facetas (escritores, lectores, traductores o ilustradores). Y celebraremos otros nuevos proyectos que nos permitan seguir hablando de las cosas que nos gustan. Una cosa muy necesaria en los tiempos que corren, que nos recuerde que si todo está perdido, habrá que empezar de nuevo.