La simetría envolvente de Lisabö arrasa en Nocturama

Por Rebeca Pinto

El pasado miércoles, dentro del ciclo de conciertos que La Suite nos tiene preparados para Agosto, pudimos disfrutar (y a veces enloquecer) del directo espectacular de Lisabö. Los de Irún no venían desde el 2008, y fue tal la marca que dejaron de aquel concierto, que se hicieron con un gran grupo de seguidores sevillanos, que tenían ansias de poder ver como los vascos interpretaban su espectacular último disco Animalia Lotsatuen Putzua. Enorme disco, como demuestra las excelentes críticas de todos los medios independientes, que incluso lo señalaron como entre los mejores nacionales.

Pero Lisabö no es un grupo para escucharlo en casa. Te pierdes toda su esencia si no lo has visto en directo. Ellos lo dan todo, tanto que seguro que pierden peso de la energía derrochada en sus directos. Ya lo pude presenciar en el pasado Primavera Sound, y así lo demostraron en este concierto.

Lisabö en Nocturama

Y es que en sólo treinta segundos te meten en el concierto, en una espiral de ruido y distorsión, que te atrapa durante todo el directo. Sólo cuando suena la voz grabada del escritor y poeta Martxel Mariscal, parece que te sales un poco de esta inmersión vertiginosa. Auténticos versos apocalípticos en euskera, que ellos berreaban como auténticos balidos de desesperación. De su último disco sonaron temas espectaculares como Ez Zaitut Somatu Iristen. Uno de los cantantes tiene problemas con la cinta de la guitarra, pero aún así no permite que el técnico le interrumpa cuando intenta ponérsela.

Demostraciones de esta intensidad se repiten cuando se le cae el micro y desde el suelo se agita retorcido para buscarlo con su boca, mientras no para de tocar. Todo esto sin impedir que haya simetría. Porque una actuación de Lisabö acarrea una concordancia envolvente que propicia sobre todo el uso de esa doble batería. A la perfección. Hay pocas baterías que suenen tan extremadamente violentas y sin discordancia. Otros temas como Gordintasunaren Otrdu Luzea lo llevan tal al extremo que al vocalista apenas le hace falta el micrófono. Estiran el cuerpo hasta la saciedad añadiendo a la actuación un auténtico expresionismo visual.

Lisabö en Nocturama

Llega un momento en que la voz suena ronca pero inquietante. Desgaste que no los agota y que se manifiesta en el poco tiempo que paran para hablarle al público asistente. Sólo en dos ocasiones comentan cosas como que han tenido problemas con un amplificador al inicio del concierto y después se crecen y bromean diciendo que prefieren Cádiz y no Sevilla. Pero estos son meras anécdotas dentro de un concierto imprescindible. El típico que me genera una especie de violencia, que entran ganas de tirarte a la calle a manifestarte. Esa sensación me la generó la primera vez que vi a Experience, grupo francés que asemejo bastante con Lisabö. Se entremezclan temas intensos y desgarrados, llenos de altibajos que te producen una sensación de pavor en el momento en que se quedan en silencio, por lo que vendrá después.

Pero no sólo interpretaron temas del último disco, sino que pudimos gozar temas del primer álbum Ezariam, con la omnipotente Ur gainean, o del disco del 2007 Eslekuak, con temas como Bi minutu y su auténtico y vertiginoso tempo rítmico.

Lisabö en Nocturama

Esta actitud de Lisabö es digna de mención. Dentro del moderneo absurdo que corre por estos tiempos, un grupo que estéticamente pasa de todo, que ha mantenido al margen de esta superficialidad que rodea al indie, es de agradecer. Su simpleza estética contrasta con la calidad de su trabajo. Son buenos músicos que apenas acababan de bajarse del escenario, suben y tocan un bis tras el auténtico desgaste sufrido en el directo.

Y cantan a dúo y esto es espectacular. Se podría decir que no están cansados si no fuera porque el sudor de los guitarristas nos llega a los que los observábamos boquiabiertos desde la primera fila.

Ver a Lisabö en directo es una auténtica experiencia por la que todo el que aprecia la música debería pasar. Una catarsis que todo cuerpo debe sufrir. Un directo que arrasó el Monasterio de la Cartuja. Que deja ese espacio como si hubiese sufrido los daños de un tornado. De un viento impetuoso que esperemos pronto azote de nuevo nuestra ciudad. Esperamos estar repuestos.

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