Cumpleaños Feliz con Low

Por Fran Jimenez

Fotografías Iram Martínez /  Según la teología, y la Wikipedia, la mística (a la que sólo pueden acceder unos pocos), añade a un alma perfeccionada por la gracia o por el ejercicio de la austeridad, la experiencia de la unión directa y momentánea con dios (da igual cual); pues bien, el pasado lunes 26 fui testigo directo de cómo se puede recrear este misticismo en un escenario. Y los protagonistas y encargados de poner en escena tanta gracia fueron los estadounidenses Low.

Nunca antes los había visto en directo y aunque los sigo hace años, la verdad es que cuando los vi tocar recordé la primera vez que los escuché. En el ambiente reinaba un silencio solemne y la música encajaba perfectamente en ese silencio, difuminándose, casi como la fina línea del horizonte que separa el mar del cielo.

Low, concierto de aniversario del Teatro Central

Steve Garrington, acompañando al teclado y bajo los golpes pausados y rítmicos de Mimi Parker, pretendiendo el latir del corazón y Alan Sparhawk (cantante y guitarra) retorciéndose con cada acorde de guitarra, ensimismado en un éxtasis musical. Era algo bastante intimo, a pesar de las 300 personas que se dejaron caer por allí y que anonadadas asistieron a una relajante sesión de masajes para el alma con final feliz. Y no me refiero a ’20$’, el último tema del concierto y primer single del nuevo disco ‘C’mon’.

Tocaron temas del nuevo disco además de hacer un repaso a su carrera musical. Por supuesto, no podía faltar ‘Murderer’ y aunque me quedé con ganas de escuchar ‘Breaker’, supe nada más entrar en la sala del Teatro Central (este concierto conmemora su inauguración para la Expo92) y ver los instrumentos en el escenario, que eso no iba a ocurrir. Dos guitarras, una caja, un goliat, dos platos, un bajo, un teclado; y tres personas en él.

Con un sonido perfecto, como nunca he escuchado en un grupo en directo, el guitarrista y líder del grupo nos acariciaba el alma con cada nota, con tanta suavidad y delicadeza como tocaba las cuerdas de su guitarra. Lo difícil es transmitir tanto con tan poco, y Low lo consigue con cada disco. Y en este en particular apuestan por todo lo bueno que tiene el ser humano y por la esperanza.

Al salir del teatro y ver el río fluyendo suavemente, sentir la cálida brisa de la recién estrenada primavera; y la noche tranquila, reinada por una Luna menguante maravillosamente gibosa, la ciudad de fondo…

Pero Sevilla ya no era la misma; era un lugar mejor.

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