La pantalla europea: memorias del SEFF 2011

Por Francisco Perez Chacon

Pasar una buena resaca siempre ayuda a tomar distancia de los buenos y malos recuerdos que deja la noche anterior. En ¡WEGO! tras varios días aplicándonos buenas dosis de colirio en los ojos ya nos vamos recuperando del aluvión de películas que, en la mayoría de los casos, disfrutamos la semana pasada en el Festival de Cine europeo de Sevilla. Pasado un tiempo prudencial para recolocar y reubicar todo lo visto, oído y hablado en el certamen toca hacer un poco de recapitulación.

Si bien es cierto que el Festival empezó con un notable traspiés (desastrosa esa presentación inicial donde no se consiguió proyectar durante al menos dos horas “Los muertos no se tocan nene”, de José Luis Arcía Sánchez), los contratiempos por fortuna se fueron reduciendo y la afluencia de público creciendo a cada día. En un evento de estas características, los contratiempos están a la orden del día sea Sevilla, Sitges o Cannes. Por ello no hay que quedarse con los fallos de la organización, que evidentemente los hay, sino alabar toda la labor de coordinación para sacar adelante el certamen que, en vista de la buena respuesta del público, esperemos que siga creciendo con el paso de los años pese a las dificultades ecónomicas y funestas predicciones por las que atraviesa todo la oferta cultural en Andalucía, España y Europa.

Perros Verdes

Del grueso del catálogo siempre hay uno o dos títulos que destacan por su radicalidad. De la misma forma que provocan deserciones masivas en la sala, hacen que uno escuche comentarios elogiosos a la salida de la proyección que vienen de aquellos que han resistido en la butaca. Son propuestas de trinchera nada complacientes con el espectador y que exigen un tipo diferente de actitud y de mirada hacia la pantalla. En este grupo, siempre con presencia reducida pero al menos presente, podemos enmarcar dos propuestas como ‘The Turin horse’ o la griega ‘Alps’. La primera alcanza el cénit estético de un estilo personal de entender el cine como es el del cineasta Béla Tarr. El director erige un auténtico monumento de luces y sombras en más de dos horas y media con apenas tres intérpretes (caballo incluido) y un tempo cadencioso sostenido en tán solo un puñado de depuradísimos planos secuencia. ‘The Turin Horse’ se convierte así en una escueta galería de lienzos en movimiento que retrata el devenir apocalíptico del fin de los tiempos sin ir más allá de una cabaña alojada en un páramo abandonado .Un experiencia única cuya propia naturaleza exige una sala para su visionado y así dejarse embriagar por la fuerza y magnitud que esculpe en cada plano el veterano cineasta húngaro. Un ejercicio que resulta exasperante y fascinante a partes iguales. Se le podría achacar un pero, un abuso repetitivo del único tema que compone su banda sonora. Pese al virtuosismo de los acordes, la canción puede acabar resultando machacona. En cualquier caso no es comparable al tormento que supone aguantar la sintonía del Festival en cada acto oficial del Teatro Lope de Vega, una pieza mínima que retumbaba en inagotable bucle en los tímpanos del respetable asistente.

La nueva propuesta del director de la incalificable ‘Canino’ se torna todavía más suicida que su anterior trabajo. Un ritmo aún más moroso que Canino, una historia aún más abierta a la interpretación, un guión aún más críptico: ‘Alps’ es sin duda la rareza del festival. Una ¿comedia? que trata sobre una particular sociedad que ofrece a sus clientes la posibilidad de revivir las experiencias pasadas junto a sus difuntos seres queridos. También puede ser la historia de una gimnasta artística en su empeño porque su entrenador le permita bailar a ritmo de música pop o la historia de una extraña adicción que empuja a una enfermera a querer suplantar compulsivamente la identidad de otros… o todo junto.

Apostando por la no-ficción

Una de las secciones menos publicitadas, y que sin embargo suele ser la que más sorpresas depara, es la sección EURODOC. Aquí el espectador tiene la oportunidad de asistir en primicia a una serie de proyecciones que difícilmente podrá volverse a ver en nuestro país. Sólo un título de toda la sección se lleva el premio para impulsar su difusión en salas. A veces uno no sabe que hacer entre proyección y proyección y decide jugársela a entrar a ver uno de esos experimentos con la realidad del que casi nada sabe. Pues bien, en ambas tiradas a la ruleta de la programación la suerte acompañó y nos dejó un buen sabor de boca a la salida. Por un lado, la checa ‘Solar Eclipse’ aborda, a modo de un falso diario filmado, la estancia en un poblado de Zambia de una pareja de ingenieros checos que deciden ir a reparar los posibles defectos que hayan surgido desde que hace cuatro años instalaron un sistema de paneles solares para dotar de electricidad a los habitantes de la perdida región. Bajo una premisa poco atractiva -el film muestra las diversas reparaciones que efectuán en su estancia los dos operativos- se esconde un relato realista que pone sobre la mesa sin tapujos el debate sobre las dificultades de mantener un proyecto de ayuda al desarrollo sostenible sobre la mesa totalmente exento de paternalismo occidentalista o de discurso buenrollistas. Todo ello sin eludir el humor.

La otra interesante escapada fue ‘Off the beaten Track’, un documental que narra con gusto y pulso las vicisitudes a lo largo de un año de un grupo de ganaderos rumanos, mientras sus mujeres están trabajando en Alemania para poder traer más ingresos a las familias y hacer frente a la mala situación económica. Un trabajo que en ocasiones recuerda al genial documental premiado en el festival Punto de Vista de Navarra estadounidense ‘Sweetgrass’, que se acerca con tono naturalista y preciso al día a día de los ganaderos “cowboys” estadounidenses.

Quizás las expectativas no se vieron del todo cumplidas con el trabajo de Martin Witz, ‘Albert Hoffman´s The substance’. Un documental que exhibe un firme afán didáctico sobre la cuestión del LSD y construye un discurso cercano, sólido y global desde la aparición de la sustancia hacia nuestros días a través de todas las implicaciones sociales y políticas que ha tenido el ácido lisérgico desde su invención. Todo ello apoyado con las lúcidas intervenciones de su descubridor, Albert Hoffman. El problema reside en que ‘Albert Hoffman`s The Substance’ parece en ocasiones más un documental pensado para canales temáticos de televisión como The Channel History o National Geographic, ya que se queda esencialmente en ese plano descriptivo la mayor parte del tiempo. Es una lástima, porque Martin Witz maneja un material de archivo de primera calidad que realmente, en manos más experimentadas, habría dado más de sí. No se malinterpreten estas palabras: ‘Albert Hoffman´s The Substance’ es un muy digno trabajo. El problema es que a los dos días se recuerda más la terrible labor de intérprete que una de las asistentes del festival prestó al director que los propios méritos de la película. Algo que también sucede (la presencia de la misma infame intérprete acrecienta la sensación de déja vu) con el trabajo ‘Reberg & Tarkovsky’. Pese a su meritorio trabajo con el montaje, el director Igor Mayboroda parece no poder sacar todo el jugo a la materia prima con la que está trabajando, hecho que sucede en parte por la toma clara de partido que realiza la película en torno a la figura del malogrado Reberg. Es sano no mitificar la figura de directores consagrados por el tiempo que parecen intocables como Tarkovsky, pero quizá un poco más de equilibrio entre los dos bandos de la disputa hubiese favorecido el resultado final.

El cine que vino del frío

El cine ruso no es sólo Tarkovsky y bien claro lo ha dejado este Festival de Cine Europeo de Sevilla 2011. El antiguo país soviético ha sido el invitado de honor de esta pasada edición con títulos en casi todas las secciones. El público salió encantado de ‘Hipsters’, una especie de versión musical de Rebeldes del Swing en el país de los soviets a la que no le falta desparpajo y color. Mas monótona resultó ‘El Barbero de Siberia’, del también Homenajeado realizador Nikita Mikhalkov, que contó con una breve retrospectiva de sus seis últimas películas. Desgraciadamente la poca flexibilidad de los horarios y el solapamiento de obligaciones no permitieron adentrarse mucho más en las propuestas de este cine más allá de los urales.

Citas obligadas y ausencias forzosas

Tampoco pudimos asistir a la clausura con la esperada ‘Shame’, de la que sólo se escuchan elogios. Es una lástima que el festival no decida proyectar, después de conocido el palmarés, los films galardonados (como sí hacen otros certámenes). Por esta causa no podemos dar cuenta de la atípica comedia romántica triunfadora de esta edición, la sueca ‘Siempre feliz’, que confiamos goce pronto de distribución en nuestro país y no haya que esperar todo un año como sucedió con la pasada ganadora Sons of Babylon.

A la que sí pudimos asistir y disfrutar en toda su amplitud fue a la genial ‘Le Havre’, que devuelve a las pantallas a un Aki Kaurismäki en plena forma, menos pesimista que otras ocasiones. El director finlandés nos entrega un pequeño barrio donde no falta sus homenajes rockeros y esa galería de gestos adustos. Optimista sin caer en lo naïf y con un cierto ápice de cinismo, ‘Le Havre’ es toda una delicia de película capaz de alegrarle el día a cualquiera por funesta que haya sido la jornada.

Ebrios de buen (y no tan buen) cine

Por nuestros ojos han desfilado muchas otras propuestas: el desconcertante relato de agro-mafias ‘Bullhead’, la poco convicente ‘Attenberg’, la poco sustanciosa ‘The little room’… Pero tras la borrachera estroboscópica estas son los títulos que con mayor claridad descansan en nuestro inconsciente cinéfilo. Ahora os toca a vosotros ¿que secuencias, diálogos o imágenes permanecen en el recuerdo tras esta bacanal fílmica?

Os invitamos a dejar vuestros comentarios sobre el ya clausurado Festival de Cine Europeo 2011 y su vasta oferta, que nos ha tenido ocupados durante algo más de una semana.