Desde Ontario con amor

Por J.M. Campos

Crónica y fotos. Basia Bulat en Nocturama

Nocturama comienza con una sonrisa de oreja a oreja. No es otra que la de Basia Bulat, cantautora canadiense que echó a volar el ciclo de música independiente que se celebra en el CAAC. Su folk añejo y su derroche de simpatía ponen el listón muy alto al resto de invitados del encuentro estival, tan alto como su capacidad para endulzar los oídos del público con su guitarra, el piano, su ukelele o el instrumento que le confiere su seña de identidad: el autoarpa.

[Crónica y fotos: J.M. Campos · Colaboración: Diego Vicente]

En su primera visita a Sevilla, la artista puso el alma para conquistar a los asistentes del espacio de la Cartuja. No le fue complicado. Para sorpresa de algunos, comenzó (y cerró) su actuación con un instrumento atípico como es el ukelele para interpretar It can’t be you, con un resultado poco menos que sublime.

Desde el primer momento adoptó una postura absolutamente comunicativa hacia la audiencia, haciendo malabares con el español mejor de lo que ella se imaginaba. “Perdón por mi español” repetía una y otra vez, pero lo cierto es que se hacía entender perfectamente, sin abandonar nunca una actitud amable y risueña.

Con sólo dos álbumes de larga duración (Oh, My Darling y Heart of my own) Basia prosigue el camino marcado por cantantes de peso como Natalie Merchant o Cat Power, y si nos alejamos más en el tiempo, la fallecida solista de Nueva Orleans Odetta. Unas influencias que ella absorbe y transforma para ofrecer un sonido propio con la ayuda de unas cuerdas vocales extraordinarias. Así lo demostró tanto con temas como Run o If it rains al piano, como con Go on y Pilgriming vine a la guitarra.

Hay quien podría haber esperado un déficit en la calidad musical debido a su soledad en el escenario, sin todos esos violines, trompetas, flautas o chelos que se escuchan en sus discos. Nada más lejos de la realidad: Basia Bulat se sobra y se basta para ofrecer un concierto intenso y completo con su sola presencia.

A mitad de actuación, se colgó al fin el famoso autoarpa, del que extrajo una maravilla tras otra: Gold rush, Heart of my own o su pieza más country, In the night.

Criada en Ontario, Basia Bulat relató ser descendiente de una familia de polacos, circunstancia que le permitió interpretar una canción en el idioma de aquéllos sobre una chica en un zoo. No nos hizo falta saber nada más para quedar prendados de nuevo con su voz.  Antes de marcharse del escenario por primera vez dejó uno de los momentos más brillantes de la noche, con una canción que sabía a gospel cocinada a capella mientras marcaba el ritmo con las palmas y el zapateado.

No se detuvo ahí. Rogando disculpas previas y casi avergonzada por la ovación continua, se atrevió nada más y nada menos que con Te doy una canción, de Silvio Rodríguez. Tan inesperado como delicioso. Completó el primero de los bises con Before I knew y nos dijo adiós definitivamente con el tema quizá más triste de la noche, I’m so depressed, original de Abner Jay. Ni así se nos borró la sonrisa de la cara. A ella, tampoco.