Crónica: South Pop Isla Cristina

Por Iram Martinez

Texto Diego Vicente / Fotos Javier Ágreda [email protected]

El South Pop Isla Cristina en su segunda edición se ha consolidado definitivamente como festival más seductor del sur de Europa y a partir de ahora se va a convertir en cita obligada en las agendas de la mayoría de los indies de buena fe. A principios de Septiembre, cuando el calor da una tregua y las noches son suaves, se celebra este festival que se ha convertido en uno de los secretos peor guardados del panorama de festivales: su asistencia del año pasado se ha incrementado casi en un 1000%; rondando los 900 asistentes cada una de las noches.

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Y es que era imposible guardar el secreto. Todos los que vinieron a la edición pasada han repetido este año y han venido acompañados de sus amigos, novias, amantes, padres, primos, vecinos y todo el que se haya dejado convencer para venir a este festival que brilla como un oasis entre el desierto de los festivales veraniegos. Cualquiera que haya asistido al FIB o similares sabe que un festival de música es mucho más que los grupos que se anuncian en el cartel y que (se supone) aparecerán en el escenario. El South Pop Isla Cristina parece haber sido concebido para ser el reverso de esos otros macrofestivales.

Viernes, 11 de Septiembre.

Por la noche todos los gatos no son pardos, algunos están en llamas. Los Cats On Fire incendiaron en el escenario, reventando el auditorio del parque con su rock chispeante, que suena a los años ’60 y suena a Morrisey. Su lider, Mattias Björkas, un tipo de cuidado, ofreció todo su repertorio de poses histriónicas, bailes de ultratumba y un poco de ese glamour que encima del escenario tiene gente como Rufus Wainwright. Sorprendieron con una versión del grupo White Town: Your Woman. El resto de la banda era un poquito más finlandesa, que aunque no se hacían los suecos, le dejaban todo el protagonismo a Mattias. Una estrella en ciernes.

Antes de los “Cats” pasó por el escenario Anni B. Sweet, una chica con ángel. Anni tiene buenas canciones, buenas maneras y un handicap: que por ahí todo el mundo habla de otra chica con voz celestial. La comparación es inevitable. Anni tiene la voz acaso un poco más grave que la de la chica del lipstick y sus canciones son menos oscuras, pero más intensas. La gravedad impostada de la chica del pintalabios contrasta con la dulzura y la naturalidad de Anni B. Sweet. También nos regaló una versión sorprendente: Take Me Home, de A-Ha.

La Bien Querida presentó la mayoría de los temas de su Romancero. Las canciones de La Bien Querida son como las fotos, algunas salen movidas, en otras no quisieras estar y en otras parece que sobraras. No es la voz de Ana su punto fuerte, pero algunas veces logra conectar de manera total con el público, al estilo de las mejores canciones de La Buena Vida. Emocionaron: Ya no, Siete Medidas de Seguridad y Corpus Christi.

A continuación se subieron al escenario Piano Magic, con sus bucles de rock oscuro. Sus canciones son de un intimismo atronador y encontraron más de un nuevo admirador. Cerraron la noche Those Dancing Days. Las chicas de Estocolmo trajeron la dinamita y la fueron prendiendo a ritmo de pop-rock al estilo sueco. La voz de la cantante es puro fuego. Con tan poca edad, su música no destaca en virtuosismo instrumental, pero lo compensan con una energía arrolladora sobre el escenario. Ojo que la voz de la cantante produce adicción. Y todo el mundo bailó hasta las tantas.

Sábado, 12 de Septiembre.

Caía el telón de la tarde cuando Tannhäuser aparecía en el escenario. Los de Sevilla desplegaron su rock de atmósferas pesadas y vertiginosas. Un grupo que tiene mucho que decir.

David Thomas Broughton hace todo lo posible para que la gente diga de él: es muy difícil de definir. Juega con la performance, la intriga y el suspense. Únicamente acompañado por una guitarra acústica y su voz, parece hacer, en el buen sentido, una caricatura o deconstrucción del corner clásico. Su música se caracteriza por bucles vocales en miniatura que alcanzan categorías de coral monofónica. Su estilo podría denominarse como folk-noise.

Klaus&Kinski no defraudaron con su propuesta de eclecticismo musical. Su pop de juguete conecta muy bien con el público. El bolero “Menguele y el amor” fue uno de los momentos más esperados del festival. Hicieron una versión de Buddy Holly: Words Of Love. Estos chicos se atreven con todo. Marina, la cantante, incluso nos dejó una cita memorable: “Me gustan los hombres guapos de vida difícil”. Exactamente como nosotros.

Y en un abrir y cerrar de ojos Micah P. Hinson estaba en el escenario. El momento más mágico del festival. Al igual que Kurt Wagner, el lider de Lambchop, el chico es de Tennessee. ¡Qué voces hay en Tennessee! Alcanzando las mismas simas de gravedad que la voz de Kurt, la cuerdas vocales de Micah arrojan cargas de profundidad. En su versión acústica las canciones pierden en rock lo que ganan en emoción. El de Memphis nos regaló una versión de Are you lonesome tonight?, un tema que popularizó Elvis Presley (ese señor que algunos dicen que descansa en Memphis).

Los Punsetes es un grupo inquietante. Lo más comentado del festival fue la inmovilidad rigurosa de la cantante. No movió un músculo durante la actuación en un puesta en escena insólita. Nos quedamos con el comienzo de una de sus canciones más conocidas: “Quiero morir en una discoteca llena de maricas”.

We Are Standard echaron en cierre al festival con una actuación memorable. Un sonido espectacular para unas canciones sin alma. Toda la potencia que se gastan queda en el público; los asistentes bailaron todo el concierto en éxtasis electrónico. Los de Bilbao se permitieron versionar con ciertas dosis de frivolidad I’m Waiting For My Man, de The Velvet Underground.