The Strypes y Max Meser, el combo perfecto para una noche salvaje

Por Lorena Lucenilla

Mete en una coctelera un sábado en Madrid, a Max Meser y The Strypes. El resultado, sin duda, es un combo bestial de pura energía y rock durante horas. Así lo vivimos en la sala BUT hace poco menos de una semana.

Son jóvenes y vienen dispuestos a arrasar en el panorama musical internacional de los próximos años.

Por todos es sabido que pese a la escasa edad de los irlandeses The Strypes, han conseguido compartir escenario, entre otras bandas, con Arctic Monkeys.En esta gira por nuestro país han decidido ser escudados por Max Meser. Y madre mía. Quien estuviera entre el público del evento de Live Nation y Mercury Wheels sabe de qué hablo.

Pese a ser original de Sabadell, Max Meser ha pasado la mayor parte de su vida en Holanda, donde se ha ganado el apodo de “músico multi-instrumentista”. La banda tiene claras influencias de bandas como The Beatles y su facilidad para crear hits.

Si tuviera que quedarme con una sola canción del setlist del sábado, me costaría bastante, siendo sincera. Pero “Weak for love” se ha quedado en bucle en mi cabeza (y en mi lista de Spotify) a día de hoy. Unos músicos impecables, un show auténtico y una actitud que envidiarían músicos con treinta años más que ellos. A muchos nos queda que aprender de estos chicos.

Un final de diez que no os cuento para que os deje con ganas de comprobar cómo se las gastas estos chicos en directo. Poco después viene el turno de los aclamados The Strypes, que entre gritos de sus fans salen a darlo todo al escenario.

Aunque Spitting Image (a mi parecer) se queda un poco por debajo del primer trabajo de la banda, es innegable la evolución del estilo de los mismos, abriendo el camino en sus temas a ritmos mucho más melódicos.

Una versión de “Rollin’ & Tumbling” fue la elegida para calentar motores. El frontman de la banda, Ross Farrelly, hizo lo que mejor sabe: jugar con sus registros vocales para encandilarnos a todos al ritmo de temazos como “Mystery Man” (mi preferida) o “Cruel Brunette”.

Un instrumental que acojona, con perdón de la palabra. Pero creedme, lo entenderíais sí vieseis saltar a O’Hanlon como si al día siguiente se lo fueran a prohibir. ¿Su estilo? Un puzzle de influencias encajadas de manera brillante. Aunque desde luego, si tuviera que sacar un punto negativo del conjunto es la pose obscenamente forzada del vocalista la mayor parte del show (quizás más similar al Alex Turner de los últimos cinco o seis años de lo que pensaba en un principio).

Pese a ello, el conjunto apenas se ve afectado por este hecho y consigue un sobresaliente cum laude en esta fecha en nuestro país.

Creo que dar más detalles sería una falta de empatía para con vosotros. Merecéis ver en primera persona lo que mis ojos y mis oídos vieron y escucharon aquella noche. Y os prometo que quien ve a estas bandas una vez, repite siempre.

Fotografías: Lorena Lucenilla