Quentin Gas & Los Zíngaros en Sala Continental, “El principio de algo especial”

Por Nuria Sanchez

Quentin Gas & Los Zíngaros, 29 de abril. Sala Continental, Barcelona.

Por Saúl Ibáñez

Las canciones del nuevo disco de Quentin Gas & los Zíngaros describen un viaje tanto físico como mental, de India a Triana (como cantaron Pata Negra), del interior de cada uno a otra dimensión. En la barcelonesa sala Continental, la banda pretendía hacernos recorrer de nuevo el camino de los gitanos descrito en Caravana incluso antes de subirse al escenario ataviados con bindis, mientras sonaba «Turkia». Empezaron enlazando «La luz del silencio», «El pedío» y «Caravana», con las que se sentaron las bases del concierto: capas de reverb, una base rítmica sostenida a medias por la batería y el órgano, psicodelia de inspiración sesentas y búsqueda del trance. Todo ello coronado por la aparición esquiva del quejío fantasmal de Quintín Vargas dejándose ver entre la distorsión y los loops.

©Emilio Garré

No hubo espacio para la indefinición, Vargas y los suyos acometían las canciones con concisión, atentos a sus múltiples facetas y casi sin parones. Hicieron de ellas un todo, un único discurso sobre tradiciones y vanguardias que atrapó a un público que palmeaba, bailaba y jaleaba entusiasmado.

©Emilio Garré

El repertorio, en el que no se rescató ninguna canción de su anterior álbum, Big Sur, culminó en la escalada de «Mala puñalá», en la que los versos finales de «Homenaje a Federico» de Camarón se quedaron flotando en el aire mientras la banda se bajaba del escenario y se mezclaba entre el público y, cambiando sus instrumentos por dos pequeñas guitarras españolas, empezaban a tocar «Caravana II». Se iban los Zíngaros con ese cante hacia la calle, hacia un nuevo viaje, y nosotros detrás de ellos acompañándolos con palmas y cantando al ritmo de «su alegre caravana». El final perfecto para un concierto, el primero del grupo de Barcelona, que será recordado como el principio de algo especial.