The Divine Comedy en Nocturama: complejo de Hannon

Por Antonio Jesús Reyes

 

No es un poema, no es una banda, es un barítono y compositor. La previa a este artículo tenía trampa. No hacía casi veinte años desde que Neil Hannon y su banda (él) no pisaban tierra hispalense. El irlandés estuvo en el (¿difunto?) Festival Territorios del 2011, él “solo”, con un piano, dando una gran actuación, diferente a la que dio hace dieciocho años en el Teatro Central. Esta fue la primera vez que le vimos en directo. Mr. Hannon llegó el pasado domingo al Teatro Alameda bajo el manto de Nocturama. Todo un logro que se tornó en todo un éxito. Los que dejaron pasar el tiempo por si acaso quién sabe, vieron el cartel (digital) de “no hay entradas” dos semanas antes de la actuación. Y no era de extrañar, ya que la expectación era grande, porque grande es Neil Hannon, porque las dos veces anteriores dio dos enormes recitales, y porque venía con Foreverland, que además de ser una estupendísima obra, se lleva seis años con su anterior. Catalogar a este hombre banda, es fácil, pero la suma lleva por resultado su sello y su voz inconfundible. Harta ya un poco relacionarlo con Scott Walker, con Michael Nyman, Jacques Brel… Luego con aquel invento (genial) que se llamó Brit Pop… Al fin y al cabo, Hannon siempre parece tirar de todo esto pero con un sabor a todo lo que sea anterior al siglo XX, pero traído a la actualidad. Toda una paradoja, pero ya lo dijo Frank Zappa, “hablar de música es como bailar de arquitectura”.

                                                                           Neil Hannon. The Divine Comedy. © oscaromi

La primera danza de la noche fue para otra irlandesa, Lisa O’neill, con un espíritu muy distinto al de Hannon, pero con algunas zonas comunes; cierta visión irónica, criticona, como distante de una realidad que sin embargo es digna de observar. Comenzó con “Nasty”, bromeando con su escaso español (como haría Hannon y su banda luego), demostrando unas dotes folk que deslumbraron cuando dejó su guitarra para cantar a capella la irlandesísima “The Lass of Aughrim”. El 17 de este mes, tercera entrega de su obra, Pothole in the Sky. Amantes del folk, a por ella.

                                                                                                                    Lisa O’neill. © oscaromi

Llegó el momento de The Divine Comedy, sorprendiendo, cómico, pero nunca ridículo, apareció vestido Hannon con un uniforme militar napoleónico. El enormísimo sombrero paródico lo delataba, y no era un mero adorno; lejos de cantar “Waterloo”, la música empezó con esa extraña oda a la extraña fascinación de Hannon por Suecia, “Sweden”. Rápidamente, el single de Foreverland, “How Can You Leave Me On My Own”, pegadiza, irónica, ingeniosa, 100% Hannon. Tierras menos ignotas con “The Frog Princess”, de su despegue a la fama con el inmortal Casanova (1996) y vuelta a la mismas tierras con “Catherine the Great”. “Bad Ambassador” de Regeneration (2001) estuvo dedicada a alguien del público que regaló a Mr. Hannon allí mismo un muñeco de trapo de respetables dimensiones, vivo retrato del Hannon napoleónico que teníamos delante… que interpretó “Napoleon Complex”, grandioso tema pop que hizo despertar a la audiencia del todo. “Your Daddy’s Car”, de Liberation (1993), antecedió al single de presentación de Foreverland, “To the Rescue”, que nos llevó al despliegue vocal de “The Certainty of Chance”, donde la banda pudo brillar en la sección instrumental claramente, que destacó sobre todo en sus armonías vocales. Y hasta aquí, llegó Napoleón, porque para “The Complete Banker”, Hannon salió ataviado muy, muy inglesamente, bombín y paraguas incluido, para seguir con “Bang Goes the Knighthood” y “Generation Sex”, que fue quizá el momento culminante del recital, de no ser por una arrebatadora versión de “Our Mutual Friend”, comitrágica historia de desamor que Hannon interpreta, no sólo con la voz, sobre el escenario. Bombines a un lado, de un globo terráqueo de atrezo en el escenario, se sacaron vino y cervezas convirtiéndolo en un pub, en el que Lisa O’neill estaba invitada a cantar la cincuentera “Funny Peculiar”, sustituyendo a Cathy Davey en el álbum.

                                                                             Neil Hannon. The Divine Comedy © oscaromi

Un set acústico de dos temas, uno clásico y otro más clásico aún (“A Lady of a Certain Age” y “Songs of Love”) llevaron a otro himno de Casanova, “Something for the Weekend” y a otro más del mismo, “Becoming More Like Alfie”. Problemas con la guitarra de Hannon en “At the Indie Disco”, dieron lugar a más bromas de este y el guitarrista (y entre ellos) intentando hablar español. Una vez resuelto, siguieron exactamente por donde iban, y (ya iba llegando el pseudofinal) “I Like” llevó a una versión menos larga de normal (sin la intervención del público) de “National Express”. Como despedida, “Assume the Perpendicular”, una apasionada, etílica y sorprendente versión de “A Drinking Song” (aquí sí que se vio la impronta de Scott Walker y Jacques Brel)… y el tremendo final de la gloriosa “Tonight We Fly”… dejando a “The Pact” de Foreverland fuera del repertorio, un habitual de esta gira.

                                                                             Neil Hannon. The Divine Comedy © oscaromi

El barítono sorprendió y encandiló, queriendo o no, eclipsando los instrumentos, pero no en detrimento de estos, dejando como protagonistas a la voz y a las canciones, y parece ser el vehículo perfecto para canciones de amor, humor y belleza. Ironía de ironías, ya que Hannon es el arreglista de sus propias canciones. El irlandés se comportó como el hombre enamorado de sí mismo que es, en el mejor de los sentidos (pero sin llegar, también con razón, a los niveles del narcisismo atormentado del genial y casi desapercibido Maximilian Hecker). Hannon se mueve con abierta confianza medida por el escenario, con cómica falsa modestia, y canta (e interpreta) cada canción con pocas variaciones de las que puedes oír en los álbumes. Parece que sus canciones son las que son y como son. En el pop de crooner de chaqueta y corbata impoluta, de Casanova que se asoma por todos los puentes de Venecia, el hombre banda de dantesco nombre tiene aún mucho que decir, como la promesa de volver pronto, tal y como se despidió. Tomamos nota.