Ouroboros, el eterno esfuerzo de hacer cine

Por Mara Miniver

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Nada sabía yo de Alonso Valbuena o Carlos Rivero hasta que la prensa se hizo eco de su singular hazaña. Y es que estos dos estudiantes de la Facultad de Comunicación de Sevilla han finalizado recientemente Ouroboros, una película rodada en latín y con música de Mihály Vig, colaborador habitual de Béla Tarr. El original proyecto fue fruto del paisaje, cuando Alonso descubrió el enclave del Monasterio de los Ángeles (en Hornachuelos) y sintió la necesidad de rodar algo allí. Un proyecto que fue bautizado como ese animal serpentiforme que se devora a sí mismo y que se enfrenta en estos momentos a la fase que reconocen más complicada de todas: la distribución.

El latín ya prácticamente ha desaparecido de los planes de estudio en virtud de otras materias más prácticas… ¿Cómo de práctica os ha resultado vuestra formación para enfrentaros a la película?

 C: Está bien que te guíen de algún modo, el problema es cómo se enseña en la facultad, donde se tiende a tachar como error todo aquello que se sale del manual. Hay cosas que se pueden hacer más de una manera.

A: Siempre hay fallos que sabemos debemos asumir, pero otros son intencionados. El tipo o el largo de los planos, por ejemplo, normalmente tienen su finalidad y está claro que en un cine independiente o experimental se puede o no coincidir sin que deba etiquetarse como malo.

Estoy pensando en la escena de la segunda patata cocida de “El caballo de Turín”…

C: Hay quien dice que Béla Tarr se ha equivocado y obviamente eso es algo muy subjetivo. Lo que rueda lo hace de una forma intencionada.

Hablando del cineasta húngaro, tener a Béla Tarr como referente y trabajar con Mihály Vig supongo que debe ser muy gratificante.

C: Sí. Fue bastante espontáneo. Buscábamos música parecida a la suya: un imitador, así que pensamos en intentar trabajar con él directamente. Como Mihály no es muy dado a las tecnologías primero nos pusimos en contacto con Tarr. Le escribimos a la escuela que dirige un escueto correo y recibimos una escueta respuesta: “Este es el correo de Mihály. Mucha suerte”. Vig aceptó inmediatamente. La negociación vino después, con su agente, pero estamos muy contentos con el resultado. La moraleja de esta historia es que hay que intentarlo todo. Esta filosofía la repetimos con David Lynch, a quien conocimos recientemente en Madrid e intentamos hacerle llegar “Hamelín”, nuestro primer largometraje. No hubo tanta suerte… (risas).

¿Qué otra colaboración os gustaría hacer en un futuro? No penséis para responder en el dinero…

A: A mí no me importaría repetir con Vig. Por lo demás, resulta raro pensar en una futura película y no contar con nuestro equipo.

C: El equipo es lo único que tenemos, así que estamos juntos en esto para lo bueno y para lo malo.

Alonso-Valbuena-y-Carlos-Rivero-OuroborosEl guión, la dirección, el montaje… ¿Compartís todas las labores o tenéis establecido algún reparto?

A: Colaboramos muy bien. El reparto se hace de forma natural, somos complementarios.

C: Es nuestra forma de trabajar: hablamos y negociamos. No sólo entre nosotros, también con el resto del equipo. No confiamos en la jerarquía.

Creo que en “Ouriboros” podemos ver siete planos secuencia de siete minutos… El 7 es un número místico y mágico, ¿es esta una película simbólica?

A: Queríamos hacer ese juego: siete días, siete planos secuencia, siete minutos… aunque por cuestiones técnicas los planos no duran siempre lo mismo. Pero sí que hay mucha simbología, sin que ésta sea esencial para entender la película.

C: Lo que buscamos con ella es crear cierta ambigüedad, suscitar ideas. Es una película que se presta mucho a la visión de cada uno.

Crowfunding, brandfunding, cooperativismo… El cine low cost parece estar al alcance de todos los bolsillos. ¿Cuáles son las ventajas y los inconvenientes de este cine?

C: La ventaja está clara: te acerca al cine. Desde la facultad te están enseñando que hacer cine es muy difícil y no lo vas a conseguir nunca, pero con el cine low cost está al alcance de nuestra mano, solo hace falta una cámara y ganas de trabajar. El inconveniente es que se está enalteciendo, nuestra imagen es la de gente rebelde y valiente que se lo monta sola, así que no pasa nada si las circunstancias son malas y cada vez peores. Nosotros somos jóvenes y actualmente podemos permitirnos rodar así, aunque es difícilmente sostenible a largo plazo.

Supongo que con poco dinero y con una película de estas características (unos personajes del siglo XVI y rodada en latín) habrán surgido complicaciones, ¿qué ha sido para vosotros lo más difícil?

A: Nos gustaba el emplazamiento pero no teníamos dinero para recrear el estado originario del monasterio y tampoco queríamos hacer una película histórica, así que lo hemos adaptado a nuestros medios, situando a los personajes en el purgatorio. Nos documentamos sobre simbología cristiana, pagana y acerca del pasado y las leyendas del monasterio. Los protagonistas son monjes que murieron allí en un incendio real, pero a partir de ahí hemos creado nuestra ficción, nuestra fantasía. En eso podemos utilizar el ingenio, a la hora de distribuir la película es más difícil.

C: El rodaje sólo duró una semana y media, aunque fue duro: quince personas en la montaña, hacinadas en una casa y durmiendo cuatro horas al día. Pero es lo que nos gusta y lo hemos disfrutado. Ahora estamos algo ansiosos porque el trabajo ya no depende de nosotros, estamos orgullosos con lo que hemos hecho pero es el momento de convencer a otras personas.

ouroboros-2Alfonso Sánchez, director de El mundo es nuestro ha sido bastante crítico con el estatismo de los precios en nuestras taquillas, donde no se diferencia entre Avatar o una minúscula producción nacional ni se tiene en cuenta el tiempo que ha pasado desde su estreno….

A: Probablemente el ayudante de catering en Avatar haya cobrado en unas semanas el presupuesto de nuestra película. Estamos totalmente de acuerdo. Todas las películas están al mismo nivel cuando llegan a la taquilla y hace falta poder negociar en ese punto.

¡Poned precio a la entrada de Ouroboros!

C: ¡Un euro! Lo cierto es que los exhibidores están poniendo de su parte, son los distribuidores los que no ponen nada de la suya.

A: Sí, un euro estaría bien. En Filmin, por ejemplo, esa diferencia de precio es posible. Hay flexibilidad.

Con Manuel Martin Cuenca (Cánibal), Alberto Rodríguez (Grupo 7) o Fernando Franco (La Herida) parece que el cine andaluz se encuentra en buena forma, ¿a qué creéis que se debe?

A: No lo sé, pero parece que Andalucía está despertando un poco en ese sentido. Se detecta cierta inquietud, puede que sea como reacción a esa visión tan estereotipada que esta tierra tiene fuera. Si queremos que nos vean de otra manera vamos a tener que trabajárnoslo nosotros. Por nuestra parte hemos hecho una película en latín que no va de Semana Santa (sonríe).

Y no parece que sea la última. Tras Ouroboros han hecho un documental, continúan trabajando en la web/productora Outercinema o en los acústicos de SeviJamming mientras barajan otros proyectos: “No podemos dejar de hacer cosas”, dicen. Aunque reconocen tener miedo de saturar los festivales con tanto material. Hasta bromean con la utilización de seudónimos. Inmersos en un ciclo fílmico que parece no tener fin, le deseamos a este uróboros particular que el esfuerzo le sea útil y se vea recompensado.