‘Ars vivendi’. La literatura o la vida

Por Daniel López García

Ars vivendi (Isla de Siltolá, 2013) de Tomás Rodríguez Reyes (Sanlúcar de Barrameda, 1981) es una reflexión desde la literatura sobre la propia literatura, que termina siéndolo del mundo en el que vivimos y  del propio ser humano. Es un libro sobre la nostalgia del humanismo y de los valores europeos, de las grandes obras literarias y de la literatura como medio de conocimiento. La obra llama a la conciencia literaria de  escritores y lectores, apelando a estos a buscarse en las obras fundacionales de nuestra cultura. Por tanto, esta reseña no puede aspirar a ser más que un eslabón en esa tarea, llamando a la lectura de Ars vivendi, para que al conectar con los anhelos y deseos de Tomás lo hagamos con nuestra tradición literaria y con nosotros  mismos.

Conocí a Tomás Rodríguez Reyes durante el curso académico 2011/2012, siendo él profesor y yo alumno. En una de sus clases, a propósito de El Quijote, Tomás nos mostró como una de las virtudes de la obra de Cervantes estribaba en la creación de un universo contenido por los márgenes de la ficción y la realidad, expresados en los personajes de don Quijote y Sancho Panza respectivamente. En este universo estos dos personajes, que representan los extremos que van de la literatura a la vida, desarrollan sus peripecias hasta llegar a converger, mostrando que su devenir se explica tanto por elementos ficcionales como reales. De esta forma, Tomás revelaba como la estructura literaria escogida por Cervantes nos habla del sentido de la obra y que a través de su lectura e interpretación comprendemos algo más profundo de la realidad.

Ars vivendi se divide en tres partes. La primera y la tercera (un ensayo escrito ex profeso para la obra a modo de prólogo y, un conjunto de poemas y fragmentos del autor como epílogo) sirven como resortes para la segunda parte, central y más extensa, núcleo de la obra: el diario poético del autor (extraído de su bitácora Trópico de la Mancha). En la obra de Tomás Rodríguez Reyes como en Cervantes, la forma literaria nos conduce al sentido de la obra y a sus temas, compartiendo que vida y literatura no son solo dos extremos de nuestra realidad que llegan a confundirse, sino que son la misma cosa.

La forma literaria en la obra de Tomás es la de un diario. Plantea el autor que la escritura de este género se caracteriza por no estar guiada por planes previos, dando la sensación de no estar ante algo definitivo. En este ejercicio de escritura o al enfrentarnos a él como lectores tenemos la impresión de que lo relatado fluye como la vida misma, desligado de croquis ficcionales, donde la espontaneidad y la frescura emergen con más potencia. Aunque, al mismo tiempo, recuerda que en el diario no dejan de plasmarse inquietudes y expresarse anhelos, siendo la manifestación de una realidad deseada. En este sentido, volvemos a estar ante el esquema planteado por Cervantes en la obra fundacional de la literatura moderna, entre los márgenes de lo real y lo ficticio, de lo que somos y lo que soñamos ser.

Manifiesta el autor que esa labor de comprensión del mundo a través de la literatura responde a un sentido ético en la obra. Recuerda en esto a las palabras del escritor andaluz de teatro Miguel Romero Esteo que señala la importancia de que las obras literarias estén guiadas por un imperativo ético-estético que sirva para “airear las espesas cuestiones de los seres humanos a lo largo de todos los tiempos”. Ahondando en esto, Romero Esteo señala que mal va una sociedad que no genere obras de este tipo y, con espíritu crítico, apunta que pareciera que hoy día viviéramos en “el final del acabose” frente a la ausencia de las mismas.  En Ars Vivendi Tomás comparte este impulso ético-estético en la obra literaria. Describe un mundo actual en el que triunfan lo inmediato y el éxito personal, lo efímero, y donde el interés por la técnica y la productividad han desplazado a las angustias y pasiones del ser humano como centro de la atención literaria.

La obra reflexiona sobre la tarea del escritor y sobre la palabra como materia prima de la literatura. La palabra que se vuelve indispensable para la elaboración literaria en su tarea de aprehender el mundo, aunque no deje de revelar dudas e insuficiencias. La tarea del escritor consistirá en dar la forma adecuada a la realidad a través de esa palabra que, a pesar de su insuficiencia, manifestará en la obra el sentimiento de las cosas y una historicidad precisa y sincera, como planteaba Benito Pérez Galdós.

En Ars vivendi, la literatura se manifiesta como el gran teatro del mundo, un escenario donde escritor, lector y obra se encuentran poniendo en juego nuestro propio devenir. Tomás a través de sus nostalgias literarias, los recuerdos de lecturas y la esperanza de su escritura, vivifica la soledad del individuo en ese empeño tan humano de saber lo que somos y comprender el mundo que  habitamos. Y así, Tomás en su diario, trasunto de la humanidad, como una suerte de Amaranta Buendía, queda atrapado en el berenjenal de la literatura o la vida, hilvanando memorias, deseos y expectativas.

Parafraseo a Tomás Rodríguez Reyes en el llamamiento a la lectura de Ars viviendi: “lea (Ars vivendi), y se verá”; “lea (Ars vivendi), y comprenderá a la altura moral en la que nos encontramos”. Lea, y sabrá más del mundo por la literatura que por la vida misma.

*¡WEGO! Estuvo en la presentación de Ars vivendi en la Feriadel libro de Lebrija, organizada por el Ayuntamiento de la ciudad

Blog de Tomás Rodríguez Reyes – Trópico de la Mancha: http://tropicodelamancha.blogspot.com.es

Blog editorial Isla de Siltolá: http://siltola.blogspot.com.es