Pony Bravo. De Palmas y Cacería

Por Diego A. Vicente

La próxima revolución será bailada

Más política y menos metafísica en el tercero de Pony Bravo: En De palmas y cacería (El Rancho 2013) los sevillanos siguen con la escopeta cargada contra el sistema y disparan contra todo lo que se mueve. Profetas de una sevillanía subversiva, sus argumentos trazan líneas paralelas entre las postas del flamenquito turbio del Arenal y la política neoliberal dictada como la nueva farándula “vótenme porque mi rumba está buena”, cantan en el Político Neoliberal. Incluso dedican una canción al irreductible cowboy Dick Cheney, paradigma de político conservador (un Monty Burns de la vida real: “demoler, demoler”) y prueba viviente de que el vicepresidente siempre se lo lleva más calentito.

Grabado en La Mina, con Raúl Pérez en los controles, De palmas y cacería ahonda en los sonidos esquemáticos y las melodías parcheadas de los discos anteriores pero también se permite ironizar y reventar otros estilos musicales incluida la pachanga más noise, la música árabe y los ritmos afrocubanos; todo cabe. Nueve temas que constituyen un tratado urgente de males contemporáneos, con tendencia a desmaterializar el folclore y hacer del humor reivindicación. Tampoco faltan las teorías conspirativas: El mundo se enfrenta a grandes peligros.

Turista ven a Sevilla es la canción que abre el álbum, esquela que canta a la extrañeza de vivir en un parque temático dedicado a la rimbombante tradición: “cada sevillano es turista en su ciudad”. No faltan efectos de sirenas de policía (la nueva banda sonora de las noches de la Alameda) y de fondo la guitarra flamenca del Niño de Elche, flamenco atípico que apostilla el tema.

Abundan en el sarcasmo salvaje, como en el single El político neoliberal, o en Mi DNI, un monólogo parodia sobre el típico enterao de la música independiente –los que estén ya echando en falta un comentario sobre las evidentes influencias del kraut  posiblemente puedan darse por aludidos—. El estribillo causará estragos.

Oda a la galbana en esa Guajira de Hawaii, remake del caballero de fina estampa, que rebaja el tono combativo y nos somete a un placentero aplatanamiento. Daniel Alonso se transmuta en el morito moro en la Zambra de Guantánamo, que conjuga el compás árabe de sintetizador y el cante flamenco con olor a cáñamo, desencadenando mezcolanzas como esta: “y le decía al americano yo también canto por soleá”.

Hay también palos para una sociedad empobrecida que invierte en hedonismo. Ibitza es el éxtasis dance y acaso tribal de la vida nocturna de la isla, un submundo que Alonso aborda con sorna impostando un acento de italiano macarra. Bien podría servir para la fiesta de la espuma. También Eurovegas –ese que está llamado a ser el Marina D’Or de las tragaperras— es otra de esas canciones bandera de Pony Bravo, con crítica social y llena de eslóganes imperecederos, “lo que pasa en Eurovegas, en Eurovegas se queda”. Alguien tenía que ser el primero en decirlo.

Desde el 27 de junio ya está disponible la edición en Cd de De Palmas y Cacería, así como las reediciones de Si Bajo de Espaldas No me Da Miedo y Un Gramo de Fé. Esta es la lista de tiendas en las que puedes adquirir los discos.   Por internet los puedes adquirir a través de la tienda de Bcore y El Rancho, quienes unen fuerzas y co-editan estos discos.