Libros: ‘La última mujer de Australia’

Por J. Guardia

Hace casi veinte años el escritor franco-libanés Amin Maalouf, tras ver en un documental el trato vejatorio que le daban a las niñas en China, decidió hacer su particular canto a la femineidad del mundo con un librito a caballo entre la novela y el ensayo que se llamó ‘El primer siglo después de Beatrice‘. La obra de Maalouf, curiosamente cercana al planteamiento de la grandísima película ‘Hijos de los hombres‘, dibujaba un mundo al borde del desastre después de que ciertos productos farmacéuticos permitieran a los padres del tercer mundo elegir el sexo de sus futuros hijos. El resultado: un mundo salvaje y embrutecido sin apenas mujeres para “compensar” la natural agresividad del hombre.

Ahora que parecen estar de moda las historias de Apocalipsis temáticos (¿y cuando no lo estuvieron?) como alegorías ejemplarizantes sobre el mal cotidiano, la editorial Almuzara se sube al carro del fin del mundo con moraleja con el lanzamiento de ‘La última mujer de Australia’, de Francisco Villarubia.

El escritor madrileño narra cómo un extraño microorganismo se extiende por el territorio australiano infectando a la población masculina. Sus efectos son una progresiva degeneración de las habilidades cognitivas, una elevación de la agresividad hasta límites insospechados y, lo que deja perplejos a científicos de todo el mundo, un odio extremo hacia las mujeres: tan extremo que deriva en su exterminio sistemático.

Un año después del inicio de la epidemia el Holocausto parece a punto de consumarse, pero Verónica Southgate, autodenominada la última mujer de Australia, intenta sobrevivir a un infierno en el que no es más que una liebre en un mundo de lobos.

En su huida conocerá a Jordan, un inmune que ha sido testigo impotente de la aniquilación perpetrada; Elwin, un infectado que, atormentado por un trauma de su infancia, es incapaz de hacer daño a las mujeres; y Rex, un musculoso homosexual, también víctima de la persecución.

Como en el caso de Maalouf, el escritor madrileño ha pretendido construir un mundo distópico para llamar la atención sobre la situación actual de la mujer y el trato que le dispensa el supuesto Patriarcado. Si la novela resulta oportuna (las buenas novelas siempre lo son) u oportunista, tendréis que juzgarlo vosotros. Mientras tanto, volvamos a disfrutar del Apocalipsis.