Crítica: ‘… y estoy guapa’

Por J.M. Campos

Crítica: ‘… y estoy guapa’
Mi amigo el espejo
La sinceridad es enemiga de las verdades incómodas, cosa que puede ser motivo de risa o de amargura. Nos atenazamos y acobardamos de tal manera que sólo somos honestos con el espejo, un tipo que no tiene por costumbre el reproche ni el sermón. Esta cuestión, propia de todas las culturas pero sobretodo de la nuestra y actual, es aprovechada por la compañía Tenemos gato para su segunda obra, ‘… y estoy guapa’, que se representa estas semanas en la Sala Cero -ver mapa-. ¿Seremos sinceros en nuestro veredicto o nos conformaremos con mantener la línea de lo políticamente correcto?
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El espejo que mencionábamos arriba, no es en la obra otra cosa que el propio público que asiste a la representación. Los espectadores son partícipes de las alegrías y las miserias de una pareja de treintañeros que tienen un hijo en común. Los protagonistas salen a escena, una veces juntos y otras por separado, para relatar al público lo que callan el uno con el otro. Mientras, entre ellos, prosiguen la farsa cómica.
Lo que en un principio parece un retrato de jóvenes con los problemas típicos de convivencia, que en en el fondo se quiere y se mantiene estable en la rutina (con las bromas correspondientes a esta escena costumbrista) va desembocando poco a poco en una tragicomedia a causa de la infelicidad de uno de ellos.
La belleza, se recuerda, no es más que un estado de ánimo.Te sientes bien contigo mismo y te comportas bien con los demás, te quieres y te quieren = te ves guapo.
El equilibrio entre comedia y drama en ‘…y estoy guapa’ está compensado, a pesar de algunas transiciones un tanto bruscas; y la interpretación de los actores raya a buen nivel, salvando unos pocos excesos por parte de ambos. La mayoría de las situaciones encuentran complicidad en los observadores del cuadro, que se identifican con los protagonistas y se ríen de sí mismos.
No obstante, un punto negro empaña parte de la representación: el papel de la mujer en la pareja y la violencia de género. Nos parece oportuno resaltar que con toda seguridad no es algo premeditado por la compañía, sino que se trata de un error muy común en televisión, cine y teatro, pero estamos en la obligación de poner nuestro granito de arena para acabar con la desigualdad en el trato a los sexos. Nos explicamos:
En la segunda parte de ‘… y estoy guapa’, la protagonista acude al Instituto de la mujer después de que su pareja le pida el divorcio. La trabajadora social le incita a que lo denuncie por maltrato, si no físico, sí psicológico («Seguro que recuerdas algún momento así», le dice). Esta escena puede fomentar dos prejuicios muy peligrosos: el de las denuncias falsas de mujeres maltratadas, y el de la inutilidad del sistema para ayudarlas.
Por otra parte, ella finalmente se descubre como la causante de los males de la pareja, y él pasa de ser un marido torpe y poco sensible a ser un hombre delicado, casi ideal. El final de la obra vuelve a dar una vuelta al personaje masculino, con lo que se descoloca al asistente sobre la naturaleza del personaje.
Con todo, es una equivocación -repetimos- que no oculta los aciertos que cosecha la obra a lo largo de su desarrollo, con su mezcla de humor, drama y costumbrismo, así como su mayor virtud: el contar de frente al espectador (como hacía Woody Allen en ‘Annie Hall’) lo que sólo le contamos a aquél amigo que nos proyecta la imagen de nosotros mismos.

Mi amigo el espejo

La sinceridad es enemiga de las verdades incómodas, cosa que puede ser motivo de risa o de amargura. Nos atenazamos y acobardamos de tal manera que sólo somos honestos con el espejo, un tipo que no tiene por costumbre el reproche ni el sermón. Esta cuestión, propia de todas las culturas pero sobretodo de la nuestra y actual, es aprovechada por la compañía Tenemos gato para su segunda obra, ‘… y estoy guapa’, que representa estas semanas en la Sala Cero. ¿Seremos sinceros en nuestro veredicto o nos conformaremos con mantener la línea de lo políticamente correcto?

El espejo que mencionábamos arriba, no es en la obra otra cosa que el propio público que asiste a la representación. Los espectadores son partícipes de las alegrías y las miserias de una pareja de treintañeros que tienen un hijo en común. Los protagonistas salen a escena, una veces juntos y otras por separado, para relatar al público lo que callan el uno con el otro. Mientras, entre ellos, prosiguen la farsa cómica.

Lo que en un principio parece un retrato de jóvenes con los problemas típicos de convivencia, que en en el fondo se quiere y se mantiene estable en la rutina (con las bromas correspondientes a esta escena costumbrista) va desembocando poco a poco en una tragicomedia a causa de la infelicidad de uno de ellos.

La belleza, se recuerda, no es más que un estado de ánimo.Te sientes bien contigo mismo y te comportas bien con los demás, te quieres y te quieren = te ves guapo.

El equilibrio entre comedia y drama en ‘…y estoy guapa’ está compensado, a pesar de algunas transiciones un tanto bruscas; y la interpretación de los actores raya a buen nivel, salvando unos pocos excesos por parte de ambos. La mayoría de las situaciones encuentran complicidad en los observadores del cuadro, que se identifican con los protagonistas y se ríen de sí mismos.

No obstante, un punto negro empaña parte de la representación: el papel de la mujer en la pareja y la violencia de género. Nos parece oportuno resaltar que con toda seguridad no es algo premeditado por la compañía, sino que se trata de un error muy común en televisión, cine y teatro, pero estamos en la obligación de poner nuestro granito de arena para acabar con la desigualdad en el trato a los sexos. Nos explicamos:

En la segunda parte de ‘… y estoy guapa’, la protagonista acude al Instituto de la mujer después de que su pareja le pida el divorcio. La trabajadora social le incita a que lo denuncie por maltrato, si no físico, sí psicológico («Seguro que recuerdas algún momento así», le dice). Esta escena puede fomentar dos prejuicios muy peligrosos: el de las denuncias falsas de mujeres maltratadas, y el de la inutilidad del sistema para ayudarlas.

y estoy guapa -tenemos gato-3

Por otra parte, ella finalmente se descubre como la causante de los males de la pareja, y él pasa de ser un marido torpe y poco sensible a ser un hombre delicado, casi ideal. El final de la obra vuelve a dar una vuelta al personaje masculino, con lo que se descoloca al asistente sobre la naturaleza del mismo.

Con todo, es una equivocación -repetimos- que no oculta los aciertos que cosecha la obra a lo largo de su desarrollo, con su mezcla de humor, drama y costumbrismo, así como su mayor virtud: el contar de frente al espectador (como hacía Woody Allen en ‘Annie Hall’) lo que sólo le contamos a aquél amigo que nos proyecta la imagen de nosotros mismos.

[Horario de las representaciones:

Viernes (18 de febrero, 25-f y 4 de marzo), a las 20:30 // 22:30
Sábado (19-f, 26-f y 5 de marzo), a las 20:30 // 22:30
Domingo (20-f, 27-f y 6 de marzo), a las  20:30]